jueves, 17 de febrero de 2011

OREMOS PARA BENDECIR Y SER BENDECIDOS IV MISTERIO DEL PADRE GUSTAVO JAMUT

4º Misterio
En este misterio le pedimos a Jesús que bendiga nuestros ojos, para mirar a nuestros hermanos con su mirada
Reflexión:
                 Cuando te estabas gestando en el vientre materno, Dios iba formando todo tu cuerpo con amor y de manera particular tus ojos, pues ellos te ayudarían a contemplar la creación, a mirar por donde caminar y a descubrir las particularidades de los rostros de cada persona.
Por medio de tus ojos, puedes transmitir a quien a ti se acerca, el amor y la aceptación, o por el contrario, puedes decirle que no le quieres y que lo rechazas.
Sin embargo, si Dios te ha dado los ojos, es para que mires a tus hermanos y hermanas, como él los mira.  Él sabe ver lo bueno que hay en ti y presta más atención a lo positivo que a lo negativo. 
En cambio el demonio, trata de resaltar lo negativo, tus pecados y defectos, para así desanimarte.
Por lo cual deberías imitar a Jesús en la manera de ver a cada persona y pedirle la gracia de que te preste sus ojos y su manera de mirar.
No lo dudes, si le entregas tu mirada interior y exterior, el Espíritu Santo la dulcificará, te embellecerá y con solo una mirada de amor, estarás sembrando bendiciones en aquellas personas que están junto a ti.
Pide y decídete:
                     Hoy y cada día que cada persona que Dios ponga frente a ti, se sienta abrazada y bendecida por tus miradas de amor y de aceptación.  Que puedas descubrir a Cristo, presente en cada persona de esta tierra.
Dice la Palabra de Dios:
                               “Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor; es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad. Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo.” (1 Cor. 13:4 -7)
También:  “Te pido que todos ellos estén unidos; que como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.”  (Jn. 17:21) 
Y también:  “Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón". (1 Sam. 16,7)
Dice San Pío de Pieltrecina: Faltar a la caridad es como herir a Dios en la pupila de sus ojos. ¿Hay algo más delicado que la pupila del ojo?
Padre Nuestro
  1. Bendice mis ojos, para que vea de cada persona lo mejor. – Bendíceme Señor.
Ave María…
  1. Bendice mis ojos, para que aprenda a mirar con misericordia los defectos de mi prójimo. – Bendíceme Señor.
Ave María…
  1. Bendice mis ojos, para que pueda descubrir las virtudes y talentos de cada persona. – Bendíceme Señor.
Ave María…
  1. Bendice mis ojos, para que sepa cerrarlos a aquellos comportamientos que pudiesen fastidiarme. – Bendíceme Señor.
Ave María…
  1. Bendice mi mirada, para que transmita tu amor. – Bendíceme Señor.
Ave María…
  1. Bendice mi mirada, para que transmita tu aceptación. – Bendíceme Señor.
Ave María…
  1. Bendice mi mirada, para que transmita tu alegría. – Bendíceme Señor.
Ave María
  1. Bendice mi mirada, para que transmita tu paz. – Bendíceme Señor.
Ave María…
  1. Bendice mi mirada, para que transmita tu aliento y fortaleza. – Bendíceme Señor.
Ave María…
  1. Bendice mi mirada, para que transmita tu amistad. – Bendíceme Señor.
Ave María…
Gloria…
Jaculatoria:
                 “Señor Jesús, por el poder de tus benditos ojos, guíame cada día de mi vida, para que con solo mirar a mis hermanos, pueda transmitirles tu amor.”
Oración:
               “Señor Jesús, perdóname por las veces que he mirado a alguien de mala manera.  Perdóname por las veces que pude darle vuelta la cara, negarle el saludo o la sonrisa que, al menos por obligación le debo a cada hijo tuyo. 
Sana Señor a esos hermanos o hermanas de las secuelas que este comportamiento pudo haberles dejado y sáname también a mí, pues cada vez que miro sin amor, tú sientes un profundo dolor en tu corazón, al ver el daño que yo mismo me estoy produciendo.
 Libera mis ojos de toda mirada ociosa, de toda mirada que pueda ensuciar o dañar mi corazón.
A partir de hoy Señor, cada mañana quiero consagrarte mis ojos, para que ya no sean míos, sino tuyos y así tus miradas en mi producirán todo el bien para el cual mis ojos han sido creados.
Te alabo y te glorifico Señor por tu mirada puesta en mí y por el don de los ojos renovados por tu Santo Espíritu.  Amén”.   
 
La persona que no tiene un corazón caritativo padece del peor de los males cardiacos.
Autor anónimo

1 comentario: