3º Misterio
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En este misterio le pedimos a Jesús que
imponga espiritualmente sus manos sobre
nuestros labios y nuestros oídos y nos
libere de participar de aquellas
conversaciones que nos llevan a hablar de
los defectos u errores de los demás.
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Reflexión:
Cuando Dios te soñó y te
creó, te diseñó con oídos y labios, para que
lleno tu corazón de su amor y de los
conocimientos que vienen de lo alto, lo
pudieses transmitir con palabras y gestos a
todos tus hermanos.
Sin embargo, Satanás con
su astucia sabe como contaminar lo más bello,
y corromper lo más sagrado, por lo cual al no
poder anular nuestra audición y nuestra voz ha
querido contaminarlas, deformando el proyecto
divino para la comunicación entre las
personas.
Cada vez que prestamos
nuestros oídos a las criticas y a las
murmuraciones, sean sobre hechos reales o no,
perdemos algo de la presencia de Dios y de la
paz interior que de él procede. Cada vez que
de nuestros labios sale alguna palabra en
contra del hermano y ensucia su buen nombre o
lo hiere, entonces estamos hiriendo al mismo
Jesucristo, y renovando de algún modo el dolor
de la crucifixión.
Pero no debe ser así,
pues cada palabra queda escrita en el
pensamiento de Dios y
Dios nos ha enseñado por medio de Santiago
que: “Si alguien cree que es
un hombre religioso, pero no domina su lengua,
se engaña a sí mismo y su religiosidad es
vacía”. (Stgo. 1,26-27).
Pide y decídete:
Hoy y cada día a comenzar de nuevo, tomando conciencia de que puedes cambiar tu modo de comunicarte con los demás; también trayendo luz y corrigiendo con amor a quienes quieran contaminar tu corazón por medio de la crítica y el pesimismo.
Hoy y cada día a comenzar de nuevo, tomando conciencia de que puedes cambiar tu modo de comunicarte con los demás; también trayendo luz y corrigiendo con amor a quienes quieran contaminar tu corazón por medio de la crítica y el pesimismo.
Dice la Palabra de Dios:
“Yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de cualquier palabra inútil que hayan pronunciado. Pues por tus propias palabras serás juzgado, y declarado inocente o culpable." (Mt. 12:36-37)
“Yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de cualquier palabra inútil que hayan pronunciado. Pues por tus propias palabras serás juzgado, y declarado inocente o culpable." (Mt. 12:36-37)
Y también:
"Quien quiera amar la vida y pasar días felices, cuide su lengua de hablar mal” 1Pe. 3:10
"Quien quiera amar la vida y pasar días felices, cuide su lengua de hablar mal” 1Pe. 3:10
Dice
S. Josemaría
Escrivá de Balaguer:
“No hagas
crítica negativa: cuando no puedes alabar,
cállate.”
Padre Nuestro
- De oír o de pronunciar palabras de crítica en contra del hermano. – Libérame Señor.
Ave María…
- De oír o de pronunciar palabras que generan pesimismo y desesperanza. – Libérame Señor.
Ave María…
- De pronunciar palabras que contienen ironía. – Libérame Señor.
Ave María…
- De pronunciar palabras que manchan el buen nombre de otras personas. – Libérame Señor.
Ave María…
- De pronunciar palabras que tienden a manifestar los defectos del hermano. – Libérame Señor.
Ave María…
- De pronunciar juicios temerarios en contra del prójimo. – Libérame Señor.
Ave María…
- De pronunciar palabras punzantes o agresivas. – Libérame Señor.
Ave María…
- De pronunciar palabras con tono de superioridad o de desprecio. – Libérame Señor.
Ave María…
- De no dar testimonio en las conversaciones a quienes tienen poca fe. – Libérame Señor.
Ave María…
- De todo pecado en el hablar. – Libérame Señor.
Ave María…
Gloria…
Jaculatoria:
“Señor por el
poder de tus benditos labios y oídos y por
cada palabra que pronunciaste en tu vida
terrena, edúcame para que reciba de tu santo
Espíritu un nuevo modo de oír y de hablar.”
Oración:
“Señor
Jesús, perdóname por las veces que he
propiciado conversaciones que no venían de tu
Santo Espíritu. Solo tú conoces el daño que
esas palabras pudieron haber producido en mí,
en las personas a quien se lo conté, a la
persona de quien hablé y también a tu cuerpo
místico. Lamento no poder volver el tiempo
atrás para juntar las palabras soltadas al
aire. Pero Señor,
a partir de hoy te pido junto al salmista que
coloques, una guardia en mi boca, un
centinela a la puerta de mis labios. (Sal.
140,3)
Que sepa descubrir
cuando el maligno se acerca a contaminar mis
oídos y mi corazón por medio del que critica
o de quien está enfermo de negatividad y
pesimismo. Que yo pueda ayudarlo a adquirir
un nuevo modo de pensar y de hablar desde mi
discreción, valentía, prudencia y ejemplo.
Que el mal ya no tenga
espacio en mis conversaciones, y que tus
Ángeles y Tu mismo se alegren en todas la
charlas que de ahora en adelante he de tener.
Amén”.
La
murmuración es roña que ensucia y entorpece el
apostolado. —Va contra la caridad, resta
fuerzas, quita la paz, y hace perder la unión
con Dios.
S. Escrivá de Balaguer
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