Oraciones Finales
5º Misterio
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En este misterio le pedimos a Jesús que
libere nuestros pies y nuestras manos,
para que los pongamos al servicio de
nuestros hermanos.
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Reflexión:
Cuando
en la calidez del vientre de tu madre te ibas
formando, Dios te miraba y se deleitaba en el
desarrollo de tus brazos, de tus manos, de tus
piernas y de tus pies. El los alentaba para
que cuando hubiesen crecido totalmente, los
pusieses al servicio de todos tus hermanos.
Hoy dale gracias por cada
paso que has dado a lo largo de la vida para
servir a quienes te necesitaron, y por cada
vez que extendiste tus brazos para recibir a
tu prójimo.
Sin embargo también debes
pedirle a Dios que te perdone, por las veces
que tus brazos han estado ociosos, o los has
puesto solamente al servicio de tus amigos.
Hoy es tiempo para
comenzar de nuevo, redireccionando tus pasos
al servicio de tus hermanos y extendiendo tus
manos en un servicio de autentico compromiso
hacía quienes Dios te envía.
Pídele a Dios y
decídete:
Para que hoy y cada día él
guíe tus pasos por caminos en los que puedas
guiar a otros en la verdadera paz; y que al
extender tus brazos seas sembrador de la
amistad, la concordia y la armonía, que
necesita la sociedad.
Dice la Palabra de Dios:
“El
fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz,
magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza,
mansedumbre y temperancia.” (Gal 5:22-23)
Y también:
“(Dios) nos ha
elegido en él, antes de la creación del mundo,
para que fuéramos santos e irreprochables en
su presencia, por el amor.” (Ef. 1,4)
Dice
San Pío de Pieltrecina:
La
caridad es la reina de las virtudes. Como el
hilo entrelaza las perlas, así la caridad a
las otras virtudes; cuando se rompe el hilo
caen las perlas. Por eso cuando falta la
caridad, las virtudes se pierden.
Padre Nuestro
- Bendice mis piernas y mis pies, para que me sostengan y yo pueda sustentar a quienes me necesitan. – Bendíceme Señor.
Ave María…
- Bendice mis piernas y mis pies, para que siga las huellas de amor y de perdón dejadas por Jesús. – Bendíceme Señor.
Ave María…
- Bendice mis piernas y mis pies, para que jamás pisen al hermano. – Bendíceme Señor.
Ave María…
- Bendice mis piernas y mis pies, para que los ponga al servicio de quienes tienen dificultades para caminar. – Bendíceme Señor.
Ave María…
- Bendice mis brazos y mis manos, para que nunca sean usados para lastimar a los demás. – Bendíceme Señor.
Ave María…
- Bendice mis brazos y mis manos, para que estén extendidos para abrazar a todos. – Bendíceme Señor.
Ave María…
- Bendice mis brazos y mis manos, para que sean como los del Padre Misericordioso y estén abiertos para perdonar. – Bendíceme Señor.
Ave María…
- Bendice mis brazos y mis manos, para que puedan levantar a quienes caigan. – Bendíceme Señor.
Ave María…
- Bendice mis brazos y mis manos, para que sostengan a quien vacila. – Bendíceme Señor.
Ave María…
- Bendice mis brazos y mis manos, para que se comprometan en un servicio concreto y perseverante en la propia comunidad. – Bendíceme Señor.
Ave María…
Gloria…
Jaculatoria:
“Señor Jesús, por el
poder de las llagas de tus benditas manos y
pies, libera y bendice mis manos y mis pies de
cualquier atadura que puedan estar
impidiéndome dar más amor y asumir un
compromiso de mayor servicio”
Oración:
“Señor
Jesús, perdóname por las veces que he perdido
tiempo y oportunidades al no ir donde tu me
enviabas y por no llegar a quienes me
necesitaban.
Perdóname por las
veces que he tenido los brazos cruzados, en
lugar de tenerlos extendidos para recibir a
todos mis hermanos. Perdóname por los abrazos
selectivos y por dar la espalda a quien
debería haber extendido la mano. Perdóname
también por los pecados de omisión.
Hoy, puesto en tu
presencia, te consagro mis pies, para ir donde
tu me indiques, ayúdame a caminar tras tus
huellas y a no apartarme nunca del camino de
la verdadera caridad.
Te consagro mis brazos
y mis manos, llénalos del poder de tu amor,
para que pueda acariciar con tu pureza a quien
necesita de tu amor y sostener con tu fuerza
a quien vacila por el peso de las cargas de la
vida.
Gracias Señor porque
tu Espíritu me alienta a comenzar con una
nueva actitud a servir a mis hermanos. Amén.”
La caridad no busca
jamás la propia comodidad.
San Camilo
SE TU UNA BENDICION...
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