2º Misterio
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En este misterio le pedimos a Jesús que
imponga espiritualmente sus manos sobre
nuestro corazón y nos libere de aquellos
sentimientos hacia nuestros hermanos que
van en contra de su Divino Corazón.
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Reflexión:
Hermano o hermana, tu
corazón es tan hermoso, y Dios lo ama tanto,
que ha querido hacer de él templo de su Santo
Espíritu.
Cuando tu corazón se
llena de amor, de perdón y de misericordia, se
transforma en un cielo, en el cual Dios gusta
de morar.
Sin embargo, eso también
lo sabe Satanás, por eso hace todo lo posible
para llenar poco a poco tu corazón de enojo,
mal humor, antipatías, prejuicios y
resentimientos. Una vez que logra introducir
cualquiera de estas emociones oscuras, el
Espíritu Santo se entristece y debe marcharse,
pues su santidad no le permite habitar junto a
esos malos sentimientos. Entonces el diablo
ya tiene, por medio de esas emociones, la
llave para entrar todas las veces que quiera,
y producir todo el daño que desee.
Tú podrás seguir orando,
cantando y sirviendo, pero ya no lo harás con
la unción de Dios, pues el maligno será el
dueño de ese corazón resentido.
En el corazón
misericordioso de Cristo, solo hay lugar para
quien no deja a ningún hermano o hermana
afuera del propio corazón.
Por eso tu combate no es
contra los demás, sino contra la cizaña de
división que durante la noche el maligno haya
sembrado en tu corazón.
Pide y decídete:
A partir de este momento, de entrar en combate
espiritual contra cualquier sentimiento que te
impide amar y abrazar a todas y a cada una de
las personas que están cerca de ti
Dice la Palabra de Dios:
“Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores”. Rom 5:8
“Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores”. Rom 5:8
Y también: “Ámense cordialmente con amor
fraterno, estimando a los otros como más
dignos. Con solicitud incansable y fervor de
espíritu, sirvan al Señor.” Rom 12:10-11
Dice
san Pío de Pieltrecina:
“La caridad es
la medida con la que el Señor nos juzgará a
todos.”
Padre Nuestro
- De los sentimientos hacia el hermano, que manchan mi corazón. – Libérame Señor.
Ave María…
- De los sentimientos que nos llevan a desvalorizar al hermano. – Libérame Señor.
Ave María…
- De los sentimientos que nos llevan a rechazar al hermano que piensa diferente. – Libérame Señor.
Ave María…
- De los sentimientos de autocompasión y susceptibilidad que me llevan a sentirme ofendido por lo que hizo o dijo el hermano. – Libérame Señor.
Ave María…
- De los sentimientos que nos llevan a desear el mal a nuestros hermanos. – Libérame Señor.
Ave María…
- De los sentimientos de querer manejar la vida de los otros. – Libérame Señor.
Ave María…
- De los sentimientos con los cuales el maligno quiere dividirnos. – Libérame Señor.
Ave María…
- De los sentimientos negativos, que en nuestra familia se repiten en las diversas generaciones. – Libérame Señor.
Ave María…
- De los sentimientos enfermizos que nos roban la paz de Dios y destruyen la vida comunitaria. – Libérame Señor.
Ave María…
- De los resentimientos producidos a lo largo de la vida. – Libérame Señor.
Ave María…
Gloria…
Jaculatoria:
“Por el poder de la
Santa Llaga, provocada en tu Divino Corazón
por medio de la lanza. Libérame y sáname
Señor”.
Oración:
“Señor Jesús,
perdóname por las veces que he dado espacio en
el santuario de mi corazón a las sombras de
oscuridad que astutamente Satanás fue
proyectando en mi alma y que me llevaron a
cerrar las puertas de mi corazón a… (Nombre al
hermano y bendígalo).
Con la Sangre y el
agua que brotaron de tu pecho, sella mi
corazón y todo las dimensiones del nivel
emocional, para que de ahora en adelante, no
me quiera justificar a mi mismo, y que estando
alerta, tenga la valentía de reconocer los
sentimientos negativos que se producen por las
heridas de mi historia que aun no han sido
sanadas y de las cuales se aprovecha el
maligno. Que pueda rechazar todo sentimiento
de antipatía por medio del poder de la oración
y de la verdadera caridad. Amén”.
Nos ha tocado la
mejor herencia:
la perla de la
caridad.
San Camilo
OREMOS SIEMPRE LOS UNOS POR LOS OTROS...
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