viernes, 18 de febrero de 2011

OREMOS PARA BENDECIR Y SER BENDECIDOS V MISTERIO DEL PADRE GUSTAVO JAMUT

5ºMisterio -
Oraciones Finales
5º Misterio
En este misterio le pedimos a Jesús que libere nuestros pies y nuestras manos, para que los pongamos al servicio de nuestros hermanos.
Reflexión:
                  Cuando en la calidez del vientre de tu madre te ibas formando, Dios te miraba y se deleitaba en el desarrollo de tus brazos, de tus manos, de tus piernas y de tus pies.  El los alentaba para que cuando hubiesen crecido totalmente, los pusieses al servicio de todos tus hermanos. 
Hoy dale gracias por cada paso que has dado a lo largo de la vida para servir a quienes te necesitaron, y por cada vez que extendiste tus brazos para recibir a tu prójimo. 
Sin embargo también debes pedirle a Dios que te perdone, por las veces que tus brazos han estado ociosos, o los has puesto solamente al servicio de tus amigos. 
Hoy es tiempo para comenzar de nuevo, redireccionando tus pasos al servicio de tus hermanos y extendiendo tus manos en un servicio de autentico compromiso hacía quienes Dios te envía.
Pídele a Dios y decídete:  
                                  Para que hoy y cada día él guíe tus pasos por caminos en los que puedas guiar a otros en la verdadera paz; y que al extender tus brazos seas sembrador de la amistad, la concordia y la armonía, que necesita la sociedad.
Dice la Palabra de Dios:
                                      “El fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia.” (Gal 5:22-23)
Y también:
                       “(Dios) nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor.” (Ef. 1,4)
Dice San Pío de Pieltrecina:
 La caridad es la reina de las virtudes. Como el hilo entrelaza las perlas, así la caridad a las otras virtudes; cuando se rompe el hilo caen las perlas. Por eso cuando falta la caridad, las virtudes se pierden.
Padre Nuestro
  1. Bendice mis piernas y mis pies, para que me sostengan y yo pueda sustentar a quienes me necesitan. – Bendíceme Señor.
Ave María…
  1. Bendice mis piernas y mis pies, para que siga las huellas de amor y de perdón dejadas por Jesús. – Bendíceme Señor.
Ave María…
  1. Bendice mis piernas y mis pies, para que jamás pisen al hermano. – Bendíceme Señor.
Ave María…
  1. Bendice mis piernas y mis pies, para que los ponga al servicio de quienes tienen dificultades para caminar. – Bendíceme Señor.
Ave María…
  1. Bendice mis brazos y mis manos, para que nunca sean usados para lastimar a los demás. – Bendíceme Señor.
Ave María…
  1. Bendice mis brazos y mis manos, para que estén extendidos para abrazar a todos. – Bendíceme Señor.
Ave María…
  1. Bendice mis brazos y mis manos, para que sean como los del Padre Misericordioso y estén abiertos para perdonar. – Bendíceme Señor.
Ave María…
  1. Bendice mis brazos y mis manos, para que puedan levantar a quienes caigan. – Bendíceme Señor.
Ave María…
  1. Bendice mis brazos y mis manos, para que sostengan a quien vacila. – Bendíceme Señor.
Ave María…
  1. Bendice mis brazos y mis manos, para que se comprometan en un servicio concreto y perseverante en la propia comunidad. – Bendíceme Señor.
Ave María…
Gloria…
Jaculatoria:
“Señor Jesús, por el poder de las llagas de tus benditas manos y pies, libera y bendice mis manos y mis pies de cualquier atadura que puedan estar impidiéndome dar más amor y asumir un compromiso de mayor servicio”
Oración:
            “Señor Jesús, perdóname por las veces que he perdido tiempo y oportunidades al no ir donde tu me enviabas y por no llegar a quienes me necesitaban. 
Perdóname por las veces que he tenido los brazos cruzados, en lugar de tenerlos extendidos para recibir a todos mis hermanos.  Perdóname por los abrazos selectivos y por dar la espalda a quien debería haber extendido la mano. Perdóname también  por los pecados de omisión.
Hoy, puesto en tu presencia, te consagro mis pies, para ir donde tu me indiques, ayúdame a caminar tras tus huellas y a no apartarme nunca del camino de la verdadera caridad.
Te consagro mis brazos y mis manos,  llénalos del poder de tu amor, para que pueda acariciar con tu pureza a quien necesita de tu amor  y sostener con tu fuerza a quien vacila por el peso de las cargas de la vida. 
Gracias Señor porque tu Espíritu me alienta a comenzar con una nueva actitud a servir a mis hermanos.  Amén.”
La caridad no busca jamás la propia comodidad.
San Camilo

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