miércoles, 17 de noviembre de 2010

San francisco de Asis y la Eucaristia

Cuando meditaba en la razón de ser de la Eucaristía se abismaba con grandes ardores del alma en el amor de Cristo Jesús. Este amor de Cristo a las almas fue tan grande que hizo del Sacramento del Altar una de las condiciones necesarias para la salvación de las mismas. San Francisco se lo decía a todos y principalmente a sus hermanos, y no se cansaba de repetir las palabras con que el mismo Jesús, junto al lago de Genesaret, insistió sobre la necesidad de la comunión (cf. Jn 6). A sus hermanos y hermanas de las tres Ordenes prescribió rigurosamente que comulgasen varias veces en el año, no contentándose con el mínimo de comuniones que fueron disminuyendo siempre más en la época en que él vivió, hasta el punto de que la Iglesia se vio obligada a señalar como ley explícita la Comunión Pascual (Denz. 437). Con tan poco no se podía satisfacer el amor caballeresco de San Francisco, por lo cual prescribió tres comuniones por lo menos a los hermanos y hermanas de la Tercera Orden. Para los hermanos de la Primera Orden no señaló el número de comuniones, pero quiso que fuese grande (1 R 20).
Veía en la comunión el alimento por excelencia de toda santidad. Sin comunión no hay santidad posible. Con la comunión no hay ninguna que no pueda ser alcanzada. La preparación para recibir la comunión, la vida apta para recibirla muchas veces y, principalmente, una vida digna de la comunión recibida, son en realidad los medios más eficaces de la santidad y constituyen la cooperación debida a las gracias del sacramento. Tanto estimaba San Francisco la comunión, tanto creía en la necesidad de este sacramento para la salvación y la santidad, que su falta le parecía equivalente a una perniciosísima ceguera: «Pero todos aquellos que... no reciben el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo... están ciegos, porque no ven la verdadera luz, nuestro Señor Jesucristo» (2CtaF 63-66

1 comentario:

  1. HERMANOS ENTRE MAS COMEMOS DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO.... DEJAMOS DE SER NOSOTROS PARA SER EL.

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