San Francisco y su mensaje mantienen una actualidad sorprendente, capaz de despertar simpatías y acogida en todas las culturas. Francisco está más vivo que nunca e interpela a los hombres de hoy. ¿Y de que manera?. Su vida nos enseña a evitar el consumismo, a compartir, a ser portadores de paz, a respetar aquello creado.
Cuando hablamos de Francisco de Asís, lo identificamos inmediatamente con la pobreza. Y es verdad. Francisco, un chico de la burguesía de Asís, descubre el Evangelio y quiere seguir al Cristo pobre. Pero para Francisco, la pobreza cristiana significa servicio y disponibilidad, especialmente para los más pobres. En aquel tiempo, los leprosos. Nos lo explica él mismo en su testamento: "El Señor me condujo ente los leprosos y con ellos hice misericordia, Y aquello que me había parecido amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo".
No permitía recibir más limosna de la imprescindible. Decía: "Siempre he aceptado menos de lo que necesitaba, y esto lo hacía para no decepcionar a los más pobres. Hacer lo contrario sería cometer un hurto". Cuando Francisco veía un hombre con un vestido más pobre que el suyo, acto seguido le cambiaba la ropa.
Pero Francisco también era un hombre de paz. Poseía la paz de las bienaventuranzas. Cuando saludaba, deseaba a todos la Paz y el Bien. Predicaba la paz y deseaba que todos fueran capaces de perdonar a fin de disfrutar de ella. Estando enemistados el obispo y el alcalde de Asís, Francisco dijo a uno de los frailes: "Es una vergüenza para nosotros, siervos de Dios, que el obispo y el alcalde se odien de esta manera y que nadie no procure poner paz". Y como que Francisco estaba enfermo, envió a dos frailes a pedir al obispo y al alcalde que hicieran las paces para el bien del pueblo. Los dos se reconciliaron.
La creación era para Francisco el milagro del Dios Providente hacia las criaturas. Sería largo de enumerar los ejemplos de respeto y de amor que dio Francisco hacia aquello creado. Para expresar su amor compuso el "Cántico del Hermano Sol" que puede ser la plegaria del ecologista que tiene fe. Es una sinfonía de la creación, de la fraternidad universal.
Pero la raíz de toda la espiritualidad de Francisco la encontramos en el descubrimiento que él hace de Dios como Padre. Escribe: "¡Oh, que glorioso es tener en el cielo un Padre santo y grande! Oh que santo y estimable es tener un hermano como nuestro Señor Jesucristo, que dio su vida por nosotros!. Dios es nuestro santísimo Padre: creador, redentor, consolador y Salvador nuestro".
A alabanza de Cristo. Amén

LLENOS DE ALABANZA NUESTRO LABIOS Y CORAZON
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