LA ORACIÓN DE SILENCIO
Este modo de oración de silencio es maravilloso y de copiosísimos frutos para el espíritu, si le ejercita como conviene.
Consiste esencialmente, según doctrina de los santos, en un silencio
interior de las potencias del alma, sensitivas y racionales, las cuales
cesan de obrar y se suspenden, mirando a solo Dios por inteligencia,
cómo está en lo más íntimo y más secreto del alma y oyendo con suma
atención lo que interiormente le dice, manda o enseña.
Este
modo de orar llaman los santos de silencio íntimo; porque el hablar del
alma es el andar con el entendimiento discursivo de unas cosas en
otras, con diversas consideraciones; y cuando deja el discurso, decimos
que se suspende y queda en silencio; y mirando por la inteligencia a
solo Dios, escucha atentamente como quien oye con atención a otro que
habla, para no perder palabra de lo que dice.
Así
en este silencio interior se suspenden todas las potencias, sensitivas y
racionales, y sola la inteligencia atiende y mira a Dios con una vista
sosegada, y sin el estruendo que hacen los sentidos y el discurso de la
razón; que si el silencio ha de ser perfecto, no ha de haber palabras
exteriores ni interiores, ni se ha de sentir en la íntima porción del
alma cosa sensible, ni inteligible por razón, sino la inteligencia sola y
desnuda, que mira a Dios sin atender por entonces a otra cosa alguna.
Que cuando en este modo de orar se entremete lo sensible o lo racional,
no es del todo perfecto y sobrenatural.
Para más claridad, advierto dos cosas.
La primera, que aunque en este silencio interior se suspenden las
potencias de la razón y del sentido, y todas callan y están como
detenidas en una suspensa admiración, la inteligencia siempre está
atenta y despierta, mirando a Dios y dejándose penetrar de la luz divina
que de él procede e ilustra su inteligencia. Y el afecto amoroso
siempre está vivo, inflamado con divino fuego de amor, que mansa y
suavemente está ardiendo y penetrando con su divina virtud lo más íntimo
de la sustancia afectiva; y como ésta es una oración toda esencial y
sobrenatural, muy íntima y muy subida, las potencias inferiores de la
razón y del sentido, se suspenden y no obran, y están como ociosas y sin
hacer nada. Mas la inteligencia y el afecto supremo siempre obran sin
cesar, por otro modo más superior y de más espíritu, tan íntimo y
delicado que muchas veces el hombre íntimo aún no le entiende, ni sabe,
ni alcanza cómo obran inteligencia y afecto, aunque siente sus
operaciones y a Dios, que es la causa efectiva de ellas, allá en lo más
íntimo, secreto y más retirado de la sustancia o esencia del alma; que
como estas obras son del todo espirituales y sobrenaturales, es tanta la
paz y serenidad de las potencias supremas, que parece que no obran, por
estar el afecto y la inteligencia entrañados con la sustancia íntima
del alma.
Pero podrá dudar alguno cómo si obran las potencias más íntimas no se perciben sus actos. Digo que por tres razones. La primera
por la gran simplicidad y sencillez de la inteligencia y afecto supremo
del hombre espiritual, no se entiende que sus obras son tan subidas y
tan espirituales que, por ser todas infusas, sobrenaturales y de puro
espíritu, no se perciben. La segunda por el modo con que se
comunican, que es tan grande la paz, la serenidad y quietud con que
obran, que no parece que hacen nada; que como está la inteligencia y
afecto amoroso entrañado tan íntimamente con la sustancia del alma, sus
obras en este estado parece que tocan más en lo íntimo del alma y en su
esencia que no en las potencias. La tercera razón es
porque con el continuo aspirar a Dios por afectos amorosos, está la
afectiva habituada y tiene ya una amorosa inclinación a Dios, la cual,
sin sentir, la mueve y la eleva con tanta suavidad y gozo que parece que
en aquella obra no hay movimiento ni acción; aunque en la verdad la hay

VIVIR PARA AMAR EN EL SILENCIO SE DESBORDA EL AMOR
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