LA ALEGRÍA DE LA NAVIDAD
Mensaje de monseñor Jorge Luis Lona, obispo de San Luis ¿Por qué decimos “Feliz Navidad”? ¿Por qué sentimos la alegría de la Navidad? ¿Por qué esa alegría está unida a la paz, a una serenidad alegre del corazón?
Son los regalos de la fe en la Navidad. La fe en que ya no estamos solos, en que Dios ha venido a acompañar nuestra vida para siempre. Dios se ha hecho uno de nosotros, para siempre, hasta la eternidad. Por que nos ama…
El Niño Dios es el Emanuel, el “Dios con nosotros” verdadero y real, comenzando su vida humana como comienza la nuestra, para seguir a nuestro lado en todas las pruebas, y sostenernos con la fuerza infinita de su amor.
El mundo y la vida humana cambiaron hace dos mil años por la revelación del amor de Dios en Belén. La soledad angustiada del ser humano quedó llena de una paz y una alegría venidas del Cielo.
Hoy vuelve con fuerza la amenaza de la soledad terrible del hombre sin Dios, solo y prisionero del egoísmo y la soberbia. Es el rechazo absurdo del amor, y la búsqueda insaciable del placer sin sentido, del tener sin sentido, y del poder que intenta imponerse a Dios.
El Niño de Belén es olvidado y despreciado. Se intenta hacernos vivir una Navidad sin Dios, como pura fiesta pagana, de ruido y aturdimiento.
Pero el Niño Dios y su Madre Santísima, desde la pobreza y la indefensión del pesebre, nos llaman con amor poderoso y tierno. Llaman a todos los corazones, quieren aliviar todo desconsuelo, quieren regalarnos la paz y la alegría de la Navidad.
No nos dejemos engañar por las falsas alegrías que esconden tristeza. Abramos el corazón a la verdadera alegría, a esa alegría que sintieron los pastores cuando oyeron elevarse el coro de los ángeles en Belén:
“Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor…” |
miércoles, 22 de diciembre de 2010
LA ALEGRIA DE LA NAVIDAD
martes, 21 de diciembre de 2010
jueves, 9 de diciembre de 2010
sAN FELIPE NERI II PARTE
Conversaciones espiritualesConsideraba que era muy importante la formación. Para ayudar en el crecimiento espiritual, organizaba conversaciones espirituales en las que se oraba y se leían las vidas de los santos y misioneros. Terminaban con una visita al Santísimo Sacramento en alguna iglesia o con la asistencia a las vísperas. Eran tantos los que asistían a las conversaciones espirituales que en la iglesia de San Girolamo se construyó una gran sala para las conferencias de San Felipe y varios sacerdotes empezaron a ayudarle en la obra. El pueblo los llamaba "los Oratorianos", porque tocaban la campana para llamar a los fieles a rezar en su oratorio. Las reuniones fueron tomando estructura con oración mental, lectura del Evangelio, comentario, lectura de los santos, historia de la Iglesia y música. Músicos, incluso Giovanni Palestrina, asistieron y escribieron música para las reuniones. Los resultados fueron extraordinarios. Muchos miembros prominentes de la curia asistieron a lo que se llamaba "el oratorio".
El ejemplo de la vida y muerte heroicas de San Francisco Javier movió a San Felipe a ofrecerse como voluntario para las misiones; quiso irse a la India y unos veinte compañeros del oratorio compartían la idea. En 1557 consultó con el Padre Agustín Ghettini, un santo monje cisterciense. Después de varios días de oración, el patrón especial del Padre Ghettini, San Juan Evangelista, se le apareció y le informó que la India de Felipe sería Roma. El santo se atuvo a su consejo poniendo en Roma toda su atención.
Una de sus preocupaciones eran los carnavales en que, con el pretexto de "prepararse" para la cuaresma, se daban al libertinage. San Felipe propuso la santa diversión de visitar siete iglesias de la ciudad, una peregrinación de unas doce millas, orando, cantando y con un almuerzo al aire libre.
San Felipe tuvo muchos éxitos pero también gran oposición. Uno de estos fue el cardenal Rosaro, vicario del Papa Pablo IV. El santo fue llamado ante el cardenal acusado de formar una secta. Se le prohibió confesar y tener mas reuniones o peregrinaciones. Su pronta y completa obediencia edificó a sus simpatizantes. El santo comprendía que era Dios quien le probaba y que la solución era la oración.
El cardenal Rosario murió repentinamente. El santo no guardó ningún resentimiento hacia el cardenal ni permitía la menor crítica contra este.
La Congregación del Oratorio (Los oratorianos)
En 1564 el Papa Pío IV pidió a San Felipe que asumiera la responsabilidad por la Iglesia de San Giovanni de los Florentinos. Fueron entonces ordenados tres de sus propios discípulos quienes también fueron a San Juan. Vivían y oraban en comunidad, bajo la dirección de San Felipe. El santo redactó una regla muy sencilla para sus jóvenes discípulos, entre los cuales se contaba el futuro historiador Baronio.
En 1564 el Papa Pío IV pidió a San Felipe que asumiera la responsabilidad por la Iglesia de San Giovanni de los Florentinos. Fueron entonces ordenados tres de sus propios discípulos quienes también fueron a San Juan. Vivían y oraban en comunidad, bajo la dirección de San Felipe. El santo redactó una regla muy sencilla para sus jóvenes discípulos, entre los cuales se contaba el futuro historiador Baronio.
Con la bendición del Papa Gregorio XII, San Felipe y sus colaboradores adquirieron, en 1575, su propia Iglesia, Santa María de Vallicella. El Papa aprobó formalmente la Congregación del Oratorio. Era única en que los sacerdotes son seculares que viven en comunidad pero sin votos. Los miembros retenían sus propiedades pero debían contribuir en los gastos de la comunidad. Los que deseaban tomar votos estaban libres para dejar la Congregación para unirse a una orden religiosa. El instituto tenía como fin la oración, la predicación y la administración de los sacramentos. Es de notar que, aunque la congregación florecía a la sombra del Vaticano, no recibió el reconocimiento final de sus constituciones hasta 17 años después de la muerte de su fundador, en 1612.
La Iglesia de Santa María in Vallicella estaba en ruinas y resultaba demasiado pequeña. San Felipe fue además avisado en una visión que la Iglesia estaba a punto del derrumbe, siendo sostenida por la Virgen. El santo decidió demolerla y construir una más grande. Resultó que los obreros encontraron la viga principal estaba desconectada de todo apoyo. Bajo la dirección de San Felipe la excavación comenzó en el lugar donde una antigua fundación yacía escondida. Estas ruinas proveyeron la necesaria fundación para una porción de la nueva Iglesia y suficiente piedra para el resto de la base. En menos de dos años los padres se mudaron a la "Chiesa Nuova". El Papa, San Carlos Borromeo y otros distinguidos personajes de Roma contribuyeron a la obra con generosas limosnas. San Felipe tenía por amigos a varios cardenales y príncipes. Lo estimaban por su gran sentido del humor y su humildad, virtud que buscaba inculcar en sus discípulos.
Aparición de la Virgen y curaciónFue siempre de salud delicada. En cierta ocasión, la Santísima Virgen se le apareció y le curó de una enfermedad de la vesícula. El suceso aconteció así: el santo había casi perdido el conocimiento, cuando súbitamente se incorporó, abrió los brazos v exclamó: "¡Mi hermosa Señora! "Mi santa Señora!" El médico que le asistía le tomó por el brazo, pero San Felipe le dijo: "Dejadme abrazar a mi Madre que ha venido a visitarme". Después, cayó en la cuenta de que había varios testigos y escondió el rostro entre las sábanas, como un niño, pues no le gustaba que le tomasen por santo.
Dones extraordinarios
San Felipe tenía el don de curación, devolviéndole la salud a muchos enfermos. También, en diversas ocasiones, predijo el porvenir. Vivía en estrecho contacto con lo sobrenatural y experimentaba frecuentes éxtasis. Quienes lo vieron en éxtasis dieron testimonio de que su rostro brillaba con una luz celestial.
San Felipe tenía el don de curación, devolviéndole la salud a muchos enfermos. También, en diversas ocasiones, predijo el porvenir. Vivía en estrecho contacto con lo sobrenatural y experimentaba frecuentes éxtasis. Quienes lo vieron en éxtasis dieron testimonio de que su rostro brillaba con una luz celestial.
Ultimos años
Durante sus últimos años fueron muchos los cardenales que lo tenían como consejero. Sufrió varias enfermedades y dos años antes de morir logró renunciar a su cargo de superior, siendo sustituido por Baronio.
Durante sus últimos años fueron muchos los cardenales que lo tenían como consejero. Sufrió varias enfermedades y dos años antes de morir logró renunciar a su cargo de superior, siendo sustituido por Baronio.
Obtuvo permiso de celebrar diariamente la misa en el pequeño oratorio que estaba junto a su cuarto. Como frecuentemente era arrebatado en éxtasis durante la misa, los asistentes acabaron por tomar la costumbre de retirarse al "Agnus Dei". El acólito hacía lo mismo. Después de apagar los cirios, encender una lamparilla y colgar de la puerta un letrero para anunciar que San Felipe estaba celebrando todavía; dos horas después volvía el acólito, encendía de nuevo los cirios y la misa continuaba.
El día de Corpus Christi, 25 de mayo de 1595, el santo estaba desbordante de alegría, de suerte que su médico le dijo que nunca le había visto tan bien durante los últimos diez años. Pero San Felipe sabía perfectamente que había llegado su última hora. Confesó durante todo el día y recibió, como de costumbre, a los visitantes. Pero antes de retirarse, dijo: "A fin de cuentas, hay que morir". Hacia medianoche sufrió un ataque tan agudo, que se convocó a la comunidad. Baronio, después de leer las oraciones de los agonizantes, le pidió que se despidiese de sus hijos y los bendijese. El santo, que ya no podía hablar, levantó la mano para dar la bendición y murió un instante después. Tenía entonces ochenta años y dejaba tras de sí una obra imperecedera.
San Felipe fue canonizado en 1622
El cuerpo incorrupto de San Felipe esta en la iglesia de Santa María en Vallicella, bajo un hermoso mosaico de su visión de la Virgen María de 1594.
DICHOS DE SAN FELIPE
"Quien quiera algo que no sea Cristo,
no sabe lo que quiere;
quien pida algo que no sea Cristo,
no sabe lo que pide;
quien no trabaje por Cristo, no sabe lo que hace"
-San Felipe Neri
"Quien quiera algo que no sea Cristo,
no sabe lo que quiere;
quien pida algo que no sea Cristo,
no sabe lo que pide;
quien no trabaje por Cristo, no sabe lo que hace"
-San Felipe Neri
"Como es posible que alguien que cree en Dios
pueda amar algo fuera de Él".
-San Felipe Neri
pueda amar algo fuera de Él".
-San Felipe Neri
"¿Oh Señor que eres tan adorable
y me has mandado a amarte,
por qué me diste tan solo un corazón
y este tan pequeño?" -San Felipe Neri
y me has mandado a amarte,
por qué me diste tan solo un corazón
y este tan pequeño?" -San Felipe Neri
San Felipe Neri
EL GENEROSO NO EXIGE SUS DERECHOS"
"Sólo un corazón que ama ve la necesidad ajena antes que la propia"
En 1152 hubo una gran carestía en Roma y el pueblo pasaba hambre. El pan estaba tan escaso que el que no se apresuraba a proveerse en la mañana, corría el riesgo de quedarse sin él. San Felipe se encontraba en San Jerónimo de la Caridad, una capilla y asilo sacerdotal, con otros sacerdotes y algún laico.
Una señora piadosa, sabiendo que el santo estaba reducido a tal estado de miseria de no poder ni siquiera proveerse de pan, le llevó de regalo seis grandes piezas.
Semejante provisión le podía bastar para algunos días, pero Felipe,
viendo a un sacerdote español en grave necesidad, se lo regaló, sin quedarse ni siquiera con una.
Próspero Crivelli, su penitente, le hizo la observación de que habría podido al menos ser un poco previsor.
El santo repuso: "¿Qué quieres? Ese pobre sacerdote es forastero y no encontraría fácilmente almas generosas.
Aquel día Felipe, por almuerzo y cena, se contentó con unas pocas aceitunas. Pero él bien podía decir con Jesús: "Mi alimento es hacer la voluntad de Él, que me ha enviado".
"Dos escoltas al salir de Misa"
"Podéis Ir en paz" no significa "a la una, a las dos y a las...¡tres!"
San Felipe Neri se las sabía todas. Por ejemplo, no quería que se hablara de su santidad, por lo que intentaba desorientar a los fieles y confundirlos. Su humorismo tenía también el fin de camuflar su piedad sin límites, haciendo llamar la atención sobre sus defectos externos y sus extravagancias. Pero su irresistible gusto por las bromas y las ganas de desbaratar algunos prejuicios y de confundir a los soberbios, los llevaba en la sangre desde pequeño.
Una vez, viendo que varios de los fieles salían de la iglesia después de recibir la comunión, sin dedicar un momento de acción de gracias al Señor, mandó dos monaguillos con dos cirios encendidos a que siguieran a estos "apresurados". ¿Por qué?. Preguntó uno de ellos. Y el santo les contestó:
"Simplemente para que acompañen al Santísimo que tú has recibido hace un momento y lo alaben de tu parte".
"LAS APARIENCIAS ENGAÑAN"
"Quien desea la Gloria no se preocupa de los pobres honores humanos"
El cardenal Alfonso Gesualdo, al visitar a Felipe, una vez le regaló una magnífica piel de marta, diciéndole:
-Usted está viejo y tiene necesidad de algo caliente. Puede ponérsela estando en su cuarto.
-Demasiado gentil, Eminencia -respondió el santo-, lo haré como dice.
Sin embargo, San Felipe no se contentaba con llevarla cuando estaba en su cuarto, sino también bajando a la Iglesia y en público. Muchas veces fue visto por las calles más populosas de Roma, vistiendo
sobre la ropa la piel. Caminaba con aire de recogimiento y para llamar más la atención de la gente daba, de tanto en tanto, ojeadas de complacencia a su bello hábito. Cuando se daba cuenta de que era objeto de admiración por parte del pueblo, saltando se ponía a gorjear.
Otra vez se hizo afeitar por el hermano de la casa, Julio Svera, la mitad de la barba y de aquella manera salió por las calles; todos los que lo Encontraban lo miraban riéndose. El santo, en cambio, caminaba como si nada; iba serio, arrogante, haciéndoles a todos una reverente inclinación.
“DIOS SE ALEGRA CON NOSOTROS”
A los 17 años lo enviaron a San Germano, cerca de Monte Casino, como aprendiz de Romolo, un mercante primo de su padre. Su estancia ahí no fue muy prolongarla, ya que al poco tiempo tuvo Felipe la experiencia mística que él llamaría, más tarde, su "conversión" y, desde ese momento, dejaron de interesarle los negocios. Partió a Roma, sin dinero y sin ningún proyecto, confiado únicamente en la Providencia. En la Ciudad Eterna se hospedó en la casa de un aduanero florentino llamado Galeotto Caccia. quien le cedió una buhardilla y le dio lo necesario para comer a cambio de que educase a sus hijos, los cuales -según el testimonio de su propia madre y de una tía -se portaban como ángeles bajo la dirección del santo.. Felipe no necesitaba gran cosa, ya que sólo se alimentaba una vez al día y su dieta se reducía a pan, aceitunas y agua. En su habitación no había más que la cama, una silla, unos cuantos libros y una cuerda para colgar la ropa.
"Sólo un corazón que ama ve la necesidad ajena antes que la propia"
En 1152 hubo una gran carestía en Roma y el pueblo pasaba hambre. El pan estaba tan escaso que el que no se apresuraba a proveerse en la mañana, corría el riesgo de quedarse sin él. San Felipe se encontraba en San Jerónimo de la Caridad, una capilla y asilo sacerdotal, con otros sacerdotes y algún laico.
Una señora piadosa, sabiendo que el santo estaba reducido a tal estado de miseria de no poder ni siquiera proveerse de pan, le llevó de regalo seis grandes piezas.
Semejante provisión le podía bastar para algunos días, pero Felipe,
viendo a un sacerdote español en grave necesidad, se lo regaló, sin quedarse ni siquiera con una.
Próspero Crivelli, su penitente, le hizo la observación de que habría podido al menos ser un poco previsor.
El santo repuso: "¿Qué quieres? Ese pobre sacerdote es forastero y no encontraría fácilmente almas generosas.
Aquel día Felipe, por almuerzo y cena, se contentó con unas pocas aceitunas. Pero él bien podía decir con Jesús: "Mi alimento es hacer la voluntad de Él, que me ha enviado".
"Dos escoltas al salir de Misa"
"Podéis Ir en paz" no significa "a la una, a las dos y a las...¡tres!"
San Felipe Neri se las sabía todas. Por ejemplo, no quería que se hablara de su santidad, por lo que intentaba desorientar a los fieles y confundirlos. Su humorismo tenía también el fin de camuflar su piedad sin límites, haciendo llamar la atención sobre sus defectos externos y sus extravagancias. Pero su irresistible gusto por las bromas y las ganas de desbaratar algunos prejuicios y de confundir a los soberbios, los llevaba en la sangre desde pequeño.
Una vez, viendo que varios de los fieles salían de la iglesia después de recibir la comunión, sin dedicar un momento de acción de gracias al Señor, mandó dos monaguillos con dos cirios encendidos a que siguieran a estos "apresurados". ¿Por qué?. Preguntó uno de ellos. Y el santo les contestó:
"Simplemente para que acompañen al Santísimo que tú has recibido hace un momento y lo alaben de tu parte".
"LAS APARIENCIAS ENGAÑAN"
"Quien desea la Gloria no se preocupa de los pobres honores humanos"
El cardenal Alfonso Gesualdo, al visitar a Felipe, una vez le regaló una magnífica piel de marta, diciéndole:
-Usted está viejo y tiene necesidad de algo caliente. Puede ponérsela estando en su cuarto.
-Demasiado gentil, Eminencia -respondió el santo-, lo haré como dice.
Sin embargo, San Felipe no se contentaba con llevarla cuando estaba en su cuarto, sino también bajando a la Iglesia y en público. Muchas veces fue visto por las calles más populosas de Roma, vistiendo
sobre la ropa la piel. Caminaba con aire de recogimiento y para llamar más la atención de la gente daba, de tanto en tanto, ojeadas de complacencia a su bello hábito. Cuando se daba cuenta de que era objeto de admiración por parte del pueblo, saltando se ponía a gorjear.
Otra vez se hizo afeitar por el hermano de la casa, Julio Svera, la mitad de la barba y de aquella manera salió por las calles; todos los que lo Encontraban lo miraban riéndose. El santo, en cambio, caminaba como si nada; iba serio, arrogante, haciéndoles a todos una reverente inclinación.
“DIOS SE ALEGRA CON NOSOTROS”
“Ese enemigo del alma debe ser atacado sin tregua ni contemplaciones"
Un día que estaba leyendo un libro de humor, muy gracioso, comenzó a reírse a las carcajadas. Otro religioso, molesto por su actitud, lo reprendió diciéndole:
- Los sacerdotes no deben reís ruidosamente.
Felipe, conservando su brillante sonrisa, le respondió:
- El Señor es bueno, ¿cómo no va a alegrarse de que sus hijos nos riamos? La tristeza nos hace doblar el cuello y no nos permite mirar al Cielo. Debemos combatir la tristeza, no la alegría.
La virtud de la alegría fue una de las que más brilló en la vida de san Felipe, alegría en la pureza y la caridad fraterna.
“AGUA MÁGICA”
“La gracia perfecciona incluso el sentido común”
Una mujer, suelta de lengua fue a ver al santo para pedirle consejo.
-Mi marido y yo no conseguimos ponernos de acuerdo. Nos peleamos por todo. Y lo peor es que él me pega, yo grito, los vecinos acuden...¡Créame, Padre!, es un verdadero infierno. ¿Qué me aconseja?
-Buena señora, tengo justo lo que usted necesita, una medicina infalible, un curalotodo milagroso. Tenga este frasco; cuando vuestro marido comience a reñir, beba un sorbo y manténgalo un momento en la boca. Haga siempre lo mismo cuando esté iniciando la discusión. Verá que el resultado será seguro.
Algunos días después, la mujer volvió con la botella vacía.
-Ha sucedido exactamente como usted dijo, padre Felipe. ¡Ha funcionado! Mi marido sigue peleando, pero yo estoy curada. Déme otra de esas botellas.
-Con gusto-sonrió el sabio Felipe entregándole otra botella de agua pura recogida de la fuente.
“LA HUMILDAD ES ALEGRE”
“Sacrificaba su fama por un bien superior”
Cuando tenía visitas de personas distinguidas hacía algunos arreglos cómicos en su vestimenta y narraba cuentos usando a menudo expresiones vulgares.
Una vez vino a verlo a la iglesia el noble romano Lorenzo Altieri, el cual jamás había visto al santo. Cuál no sería la sorpresa de Altieri al verlo delante de él con los vestidos más ridículos. Vestía una vieja levita, tenía en la cabeza un bonete rojo y calzaba zapatillas blancas.
El médico que acompañaba a Altieri, comprendiendo su impresión, explicó el motivo por el que el santo vestía de aquella manera. Cuando supo que Felipe lo hacía así para mortificarse, quedó tan admirado que regresó otra vez a visitarlo y lo escuchó con gran respeto.
Estos extraños modos con que Felipe acogía a sus visitantes no eran del agrado de sus discípulos, quienes temían disminuyese la estima de la que el santo estaba rodeado. Uno de ellos, un día lo dijo:
-Padre, estaría bien que con ciertas personas importantes usted se portara más serio, porque quien no lo conozca podría escandalizarse.
Y él, levantándose de un salto, repuso:
-Desearías tú que otros dijeran que yo soy un hombre que sabe escupir bellas palabras ¿eh? ¿No ves, ingenuo, que entonces dirían: Felipe es un santo? ¡Que vengan a mí los gentilhombres y los nobles que lo haré peor aún!
“UN LOCO ALEGRE, PERO PELIGROSO”
“Librándonos de las vanidades damos lugar a Dios en nosotros”
A simple vista, nadie daría ni cinco centavos por este viejito extravagante. Pero era todo un montaje para desorientar a los soberbios y reducir a los poderosos. ¡Quién sabe por qué a San Felipe le gustaba tanto jugar malas pasadas (a veces un poco crueles), incluso a los cardenales y a la gente de alcurnia!
Cuando éstos acudían a él para demostrarle su admiración, él hacía de todo para intentar desilusionarlos: se presentaba con un gato en los brazos dándole más atención al animal que a aquellos personajes presuntuosos y terriblemente importantes. No se podía quejar de que lo llamaran “loco”, ¿verdad? Sus sabios consejos los daba también bajo forma de píldoras chistosas.
Una vez, un fraile, que le parecía demasiado vanidoso y satisfecho de su propia elocuencia (uno de esos a los que les gusta escucharse a sí mismos), lo obligó a predicar sin la túnica, luciendo una especie de calzones hasta las rodillas (como se usaba entonces).
SE REÍAN DE LAS APARIENCIAS”
“Cuando nos preocupa lo mundano, no nos preocupa lo esencial”
En tiempos de San Felipe, en Roma, vivía otro personaje amigo de nuestro santo: San Félix de Cantalicio, primer santo de la Orden de los franciscanos capuchinos. Se paseaba siempre alegre por la Ciudad Eterna mendigando y distribuyendo a los pobres lo que había recogido. Con San Felipe se llevaban que daba gusto.
Cuando se encontraban por la calle se deseaban mala suerte diciéndose: “¡Cuándo te veré en la hoguera!” Y se oía la respuesta del otro: “¡Que te parta un rayo”.
Un día, siempre bromeando, se desafiaron delante de un pequeño grupo de gente que pasaba por allí.
Ahora veré si sabes vivir bien la mortificación -dice Félix a Felipe ofreciéndole una bota de vino.
San Felipe la agarró y bebió en medio de las risas de la gente, que pensaría ver a un cura borracho.
Pero después dijo: “Ahora veremos si tú estás mortificado”; y le encajó en la cabeza del fraile un enorme sombrero de cura sobre la capucha del hábito.
De modo que esa tarde fueron el gracioso y ridículo espectáculo de la gente.
Y pensar que continuamente nos amargamos si no tenemos nuestra ropa al detalle.
Un día que estaba leyendo un libro de humor, muy gracioso, comenzó a reírse a las carcajadas. Otro religioso, molesto por su actitud, lo reprendió diciéndole:
- Los sacerdotes no deben reís ruidosamente.
Felipe, conservando su brillante sonrisa, le respondió:
- El Señor es bueno, ¿cómo no va a alegrarse de que sus hijos nos riamos? La tristeza nos hace doblar el cuello y no nos permite mirar al Cielo. Debemos combatir la tristeza, no la alegría.
La virtud de la alegría fue una de las que más brilló en la vida de san Felipe, alegría en la pureza y la caridad fraterna.
“AGUA MÁGICA”
“La gracia perfecciona incluso el sentido común”
Una mujer, suelta de lengua fue a ver al santo para pedirle consejo.
-Mi marido y yo no conseguimos ponernos de acuerdo. Nos peleamos por todo. Y lo peor es que él me pega, yo grito, los vecinos acuden...¡Créame, Padre!, es un verdadero infierno. ¿Qué me aconseja?
-Buena señora, tengo justo lo que usted necesita, una medicina infalible, un curalotodo milagroso. Tenga este frasco; cuando vuestro marido comience a reñir, beba un sorbo y manténgalo un momento en la boca. Haga siempre lo mismo cuando esté iniciando la discusión. Verá que el resultado será seguro.
Algunos días después, la mujer volvió con la botella vacía.
-Ha sucedido exactamente como usted dijo, padre Felipe. ¡Ha funcionado! Mi marido sigue peleando, pero yo estoy curada. Déme otra de esas botellas.
-Con gusto-sonrió el sabio Felipe entregándole otra botella de agua pura recogida de la fuente.
“LA HUMILDAD ES ALEGRE”
“Sacrificaba su fama por un bien superior”
Cuando tenía visitas de personas distinguidas hacía algunos arreglos cómicos en su vestimenta y narraba cuentos usando a menudo expresiones vulgares.
Una vez vino a verlo a la iglesia el noble romano Lorenzo Altieri, el cual jamás había visto al santo. Cuál no sería la sorpresa de Altieri al verlo delante de él con los vestidos más ridículos. Vestía una vieja levita, tenía en la cabeza un bonete rojo y calzaba zapatillas blancas.
El médico que acompañaba a Altieri, comprendiendo su impresión, explicó el motivo por el que el santo vestía de aquella manera. Cuando supo que Felipe lo hacía así para mortificarse, quedó tan admirado que regresó otra vez a visitarlo y lo escuchó con gran respeto.
Estos extraños modos con que Felipe acogía a sus visitantes no eran del agrado de sus discípulos, quienes temían disminuyese la estima de la que el santo estaba rodeado. Uno de ellos, un día lo dijo:
-Padre, estaría bien que con ciertas personas importantes usted se portara más serio, porque quien no lo conozca podría escandalizarse.
Y él, levantándose de un salto, repuso:
-Desearías tú que otros dijeran que yo soy un hombre que sabe escupir bellas palabras ¿eh? ¿No ves, ingenuo, que entonces dirían: Felipe es un santo? ¡Que vengan a mí los gentilhombres y los nobles que lo haré peor aún!
“UN LOCO ALEGRE, PERO PELIGROSO”
“Librándonos de las vanidades damos lugar a Dios en nosotros”
A simple vista, nadie daría ni cinco centavos por este viejito extravagante. Pero era todo un montaje para desorientar a los soberbios y reducir a los poderosos. ¡Quién sabe por qué a San Felipe le gustaba tanto jugar malas pasadas (a veces un poco crueles), incluso a los cardenales y a la gente de alcurnia!
Cuando éstos acudían a él para demostrarle su admiración, él hacía de todo para intentar desilusionarlos: se presentaba con un gato en los brazos dándole más atención al animal que a aquellos personajes presuntuosos y terriblemente importantes. No se podía quejar de que lo llamaran “loco”, ¿verdad? Sus sabios consejos los daba también bajo forma de píldoras chistosas.
Una vez, un fraile, que le parecía demasiado vanidoso y satisfecho de su propia elocuencia (uno de esos a los que les gusta escucharse a sí mismos), lo obligó a predicar sin la túnica, luciendo una especie de calzones hasta las rodillas (como se usaba entonces).
SE REÍAN DE LAS APARIENCIAS”
“Cuando nos preocupa lo mundano, no nos preocupa lo esencial”
En tiempos de San Felipe, en Roma, vivía otro personaje amigo de nuestro santo: San Félix de Cantalicio, primer santo de la Orden de los franciscanos capuchinos. Se paseaba siempre alegre por la Ciudad Eterna mendigando y distribuyendo a los pobres lo que había recogido. Con San Felipe se llevaban que daba gusto.
Cuando se encontraban por la calle se deseaban mala suerte diciéndose: “¡Cuándo te veré en la hoguera!” Y se oía la respuesta del otro: “¡Que te parta un rayo”.
Un día, siempre bromeando, se desafiaron delante de un pequeño grupo de gente que pasaba por allí.
Ahora veré si sabes vivir bien la mortificación -dice Félix a Felipe ofreciéndole una bota de vino.
San Felipe la agarró y bebió en medio de las risas de la gente, que pensaría ver a un cura borracho.
Pero después dijo: “Ahora veremos si tú estás mortificado”; y le encajó en la cabeza del fraile un enorme sombrero de cura sobre la capucha del hábito.
De modo que esa tarde fueron el gracioso y ridículo espectáculo de la gente.
Y pensar que continuamente nos amargamos si no tenemos nuestra ropa al detalle.
El hombre busca la felicidad, pero nada de este mundo puede dársela. La felicidad es el fruto sobrenatural de la presencia de Dios en el alma. Es la felicidad de los santos. Ellos la viven en las mas adversas circunstancias y nada ni nadie se las puede quitar. San Felipe Neri ilustra admirablemente la felicidad de la santidad. Dispuesto a todo por Cristo, logró maravillas en su vida y la gloria del cielo.
Nació en Florencia, Italia, en 1515, uno de cuatro hijos del notario Francesco y Lucretia Neri. Muy pronto perdieron a su madre pero la segunda esposa de su padre fue para ellos una verdadera madre.
Desde pequeño Felipe era afable, obediente y amante de la oración. En su juventud le gustaba visitar a los padre dominicos del Monasterio de San Marco y según su propio testimonio estos padres le inspiraron a la virtud.
A los 17 años lo enviaron a San Germano, cerca de Monte Casino, como aprendiz de Romolo, un mercante primo de su padre. Su estancia ahí no fue muy prolongarla, ya que al poco tiempo tuvo Felipe la experiencia mística que él llamaría, más tarde, su "conversión" y, desde ese momento, dejaron de interesarle los negocios. Partió a Roma, sin dinero y sin ningún proyecto, confiado únicamente en la Providencia. En la Ciudad Eterna se hospedó en la casa de un aduanero florentino llamado Galeotto Caccia. quien le cedió una buhardilla y le dio lo necesario para comer a cambio de que educase a sus hijos, los cuales -según el testimonio de su propia madre y de una tía -se portaban como ángeles bajo la dirección del santo.. Felipe no necesitaba gran cosa, ya que sólo se alimentaba una vez al día y su dieta se reducía a pan, aceitunas y agua. En su habitación no había más que la cama, una silla, unos cuantos libros y una cuerda para colgar la ropa.
Fuera del tiempo que consagraba a la enseñanza, Felipe vivió como un anacoreta, los dos primeros años que pasó en Roma, entregado día y noche a la oración. Fue ese un período de preparación interior, en el que se fortaleció su vida espiritual y se confirmó en su deseo de servir a Dios. Al cabo de esos dos años, Felipe hizo sus estudios de filosofía y teología en la Sapienza y en Sant'Agostino. Era muy devoto al estudio, sin embargo le costaba concentrarse en ellos porque su mente se absorbía en el amor de Dios, especialmente al contemplar el crucifijo. El comprendía que Jesús, fuente de toda la sabiduría de la filosofía y teología le llenaba el alma en el silencio de la oración. A los tres años de estudio, cuando el tesón y el éxito con que había trabajado abrían ante él una brillante carrera, Felipe abandonó súbitamente los estudios. Movido probablemente por una inspiración divina, vendió la mayor parte de sus libro y se consagró al apostolado.
La vida religiosa del pueblo de Roma dejaba mucho que desear, graves abusos abundaban en la Iglesia; todo el mundo lo reconocía pero muy poco se hacía para remediarlo. En el Colegio cardenalicio gobernaban los Medici, de suerte que muchos cardenales se comportaban más bien como príncipes seculares que como eclesiásticos. El renacimiento de los estudios clásicos había sustituido los ideales cristianos por los paganos, con el consiguiente debilitamiento de la fe y el descenso del nivel moral. El clero había caído en la indiferencia, cuando no en la corrupción; la mayoría de los sacerdotes no celebraba la misa sino rara vez, dejaba arruinarse las iglesias y se desentendía del cuidado espiritual de los fieles. El pueblo, por ende, se había alejado de Dios. La obra de San Felipe habría de consistir en reevangelizar la ciudad de Roma y lo hizo con tal éxito, que un día se le llamaría "el Apóstol de Roma".
Los comienzos fueron modestos. Felipe iba a la calle o al mercado y empezaba a conversar con las gentes. particularmente con los empleados de los bancos y las tiendas del barrio de Sant'Angelo. Corno era muy simpático y tenía un buen sentido del humor, no le costaba trabajo entablar conversación, en el curso de la cual dejaba caer alguna palabra oportuna acerca del amor de Dios o del estado espiritual de sus interlocutores. Así fue logrando, poco a poco, que numerosas personas cambiasen de vida. El santo acostumbraba saludar a sus amigos con estas palabras: "Y bien, hermanos, ¿cuándo vamos a empezar a ser mejores?" Si éstos le preguntaban qué debían hacer para mejorar, el santo los llevaba consigo a cuidar a los enfermos de los hospitales y a visitar las siete iglesias, que era una de su devociones favoritas.
Felipe consagraba el día entero al apostolado; pero al atardecer, se retiraba a la soledad para entrar en profunda oración y, con frecuencia, pasaba la noche en el pórtico de alguna iglesia, o en las catacumbas de San Sebastián, junto a la Vía Appia. Se hallaba ahí, precisamente, la víspera se Pentecostés de 1544, pidiendo los dones del Espíritu Santo, cuando vio venir del cielo un globo de fuego que penetró en su boca y se dilató en su pecho. El santo se sintió poseído por un amor de Dios tan enorme, que parecía ahogarle; cayó al suelo, corno derribado y exclamó con acento de dolor: ¡Basta, Señor, basta! ¡No puedo soportarlo más!" Cuando recuperó plenamente la conciencia, descubrió que su pecho estaba hinchado, teniendo un bulto del tamaño de un puño; pero jamás-le causó dolor alguno. A partir de entonces, San Felipe experimentaba tales accesos de amor de Dios, que todo su cuerpo se estremecía. A menudo tenía que descubrirse el pecho para aliviar un poco el ardor que lo consumía; y rogaba a Dios que mitigase sus consuelos para no morir de gozo. Tan fuertes era las palpitaciones de su corazón que otros podían oirlas y sentir sus palpitaciones, especialmente años mas tarde, cuando como sacerdote, celebraba La Santa Misa, confesaba o predicaba. Había también un resplandor celestial que desde su corazón emanaba calor. Tras su muerte, la autopsia del cadáver del santo reveló que tenía dos costillas rotas y que éstas se habían arqueado para dejar más sitio al corazón.
San Felipe, habiendo recibido tanto, se entregaba plenamente a las obras corporales de misericordia. En 1548, con la ayuda del P. Persiano Rossa, su confesor, que vivía en San Girolamo della Carita y unos 15 laicos, San Felipe fundó la Cofradía de la Santísima Trinidad, conocida como la cofradía de los pobres, que se reunía para los ejercicios espirituales en la iglesia de San Salvatore in Campo. Dicha cofradía, que se encargaba de socorrer a los peregrinos necesitados, ayudó a San Felipe a difundir la devoción de las cuarenta horas (adoración Eucarística), durante las cuales solía dar breves reflexiones llenas de amor que conmovían a todos. Dios bendijo el trabajo de la cofradía y que pronto fundó el célebre hospital de Santa Trinita dei Pellegrini; en el año jubilar de 1575, los miembros de la cofradía atendieron ahí a 145,000 peregrinos y se encargaron, más tarde, de cuidar a los pobres durante la convalescencia. Así pues, a los treinta y cuatro años de edad, San Felipe había hecho ya grandes cosas.
Sacerdote
Su confesor estaba persuadido de que Felipe haría cosas todavía mayores si recibía la ordenación sacerdotal. Aunque el santo se resistía a ello, por humildad, acabó por seguir el consejo de su confesor. El 23 de mayo de 1551 recibió las órdenes sagradas. Tenía 36 años. Fue a vivir con el P. Rossa y otros sacerdotes a San Girolamo della Carita. A partir de ese momento, ejerció el apostolado sobre todo en el confesonario, en el que se sentaba desde la madrugada hasta mediodía, algunas veces hasta las horas de la tarde, para atender a una multitud de penitentes de toda edad y condición social. El santo tenía el poder de leer el pensamiento de sus penitentes y logró numerosas conversiones. Con paciencia analizaba cada pecado y con gran sabiduría prescribía el remedio. Con gentileza y gran compasión guiaba a los penitentes en el camino de la santidad. Enseñó a sus penitentes el valor de la mortificación y las prácticas ayudasen a crecer en humildad. Algunos recibían de penitencia mendigar por alimentos u otras prácticas de humillación. Uno de los beneficios de la guerra contra el ego es que abre la puerta a la oración. Decía: "Un hombre sin oración es un animal sin razón". Enseñaba la importancia de llenar la mente con pensamientos santos y pensaba que para lograrlo se debía hacer lectura espiritual, especialmente de los santos.
Su confesor estaba persuadido de que Felipe haría cosas todavía mayores si recibía la ordenación sacerdotal. Aunque el santo se resistía a ello, por humildad, acabó por seguir el consejo de su confesor. El 23 de mayo de 1551 recibió las órdenes sagradas. Tenía 36 años. Fue a vivir con el P. Rossa y otros sacerdotes a San Girolamo della Carita. A partir de ese momento, ejerció el apostolado sobre todo en el confesonario, en el que se sentaba desde la madrugada hasta mediodía, algunas veces hasta las horas de la tarde, para atender a una multitud de penitentes de toda edad y condición social. El santo tenía el poder de leer el pensamiento de sus penitentes y logró numerosas conversiones. Con paciencia analizaba cada pecado y con gran sabiduría prescribía el remedio. Con gentileza y gran compasión guiaba a los penitentes en el camino de la santidad. Enseñó a sus penitentes el valor de la mortificación y las prácticas ayudasen a crecer en humildad. Algunos recibían de penitencia mendigar por alimentos u otras prácticas de humillación. Uno de los beneficios de la guerra contra el ego es que abre la puerta a la oración. Decía: "Un hombre sin oración es un animal sin razón". Enseñaba la importancia de llenar la mente con pensamientos santos y pensaba que para lograrlo se debía hacer lectura espiritual, especialmente de los santos.
Celebraba con gran devoción la misa diaria cosa que muchos sacerdotes habían abandonado. Con frecuencia experimentaba el éxtasis durante la misa y se le observó levitando en algunas ocasiones. Para no llamar la atención trataba de celebrar la última misa del día, en la que había menos personas.
domingo, 5 de diciembre de 2010
LA ORACION CONTEMPLATIVA
ORACION CONTEMPLATIVA o
CONTEMPLACION
En este tipo de oración el orante no razona, sino que trata de silenciar su cuerpo y su mente para estarse en silencio con Dios.
La oración de silencio o contemplativa ha sido descrita detalladamente en las obras de dos Doctores de la Iglesia: Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.
La búsqueda en nuestro interior o interiorización se fundamenta en un dato de fe: Dios nos inhabita, somos "templos del Espíritu Santo" (cf. 1 Cor 3, 16).
“Entra", dice Santa Teresa, porque tienes "al Emperador del cielo y de la tierra en tu casa ... no ha menester alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí ... Llámase recogimiento porque recoge el alma todas las potencias (voluntad, entendimiento, memoria) y se entra dentro de sí con su Dios".
La oración de silencio es un movimiento de interiorización, en la que el orante se entrega a Dios que habita en su interior. Ya no razona acerca de Dios, sino que se queda a solas con Dios en el silencio, y Dios va haciendo en el alma su trabajo de Alfarero para ir moldeándola de acuerdo a Su Voluntad.
La contemplación consiste en ser atraído por el Señor, quedarse con El y dejarle que El actúe en el alma.
La contemplación, según Santo Tomás, es una anticipación de la Visión Beatífica. Es vivir de manera incompleta y sólo por un instante lo que Dios vive eternamente.
Sea la contemplación o sean gracias místicas que pueden darse en este tipo de oración, son don de Dios. Por ello, no pueden lograrse a base de técnicas. Ni siquiera son fruto del esfuerzo que se ponga en la oración, sino que como don de Dios que son, El da a quién quiere, cómo quiere, cuándo quiere y dónde quiere.
A Santa Teresa se las daba por cantidad a Santa Teresita por poquitos. Decía ella “por charquitos”.
Dios es libérrimo y se da a su gusto y decisión: un día puede darnos un regalo de contemplación y al día siguiente podemos sentir la oración totalmente insípida. Dios es el imprevisible por naturaleza: no podemos prever lo que nos va a dar. Casi siempre nos sorprende.
Buscar a Dios en la oración de silencio depende del orante. Recibir el don de la contemplación depende de Dios. Dice Sta. Teresa: "Es ya cosa sobrenatural ... que no la podemos procurar nosotros por diligencias que hagamos".
Pero cuando deseamos ahondar un poco más en la adoración, el Espíritu Santo puede darnos un poco de consuelo, haciéndonos sentir su Amor, su consentimiento, sus gracias.
Es muy importante tener en cuenta que las gracias místicas que puedan derivarse de este tipo de oración no son su verdadero fruto, ni siquiera son necesarias para obtener ese fruto.
En la contemplación somos instruidos por el Espíritu Santo de manera especial, en silencio, aún sin ver ni oír nada. Si es Voluntad Divina, el Espíritu Santo puede regalarnos gracias especiales de visión o de escucha, hasta de olfato. Pero las gracias verdaderamente importantes no están en esas experiencias sensoriales, que son consentimientos del Señor y que no son indispensables para avanzar en la oración.
El fruto verdadero de la oración (vocal, mental o contemplativa) es:
- ir descubriendo la Voluntad de Dios para nuestra vida.
- irnos haciendo dóciles a la Voluntad de Dios.
- llegar a que sea la Voluntad de Dios y no la propia la que rija nuestra vida: nuestra voluntad unida a la de Dios, o sea, la “unión de voluntades” de que habla Santa Teresa.
Un error común es creer que ésta, que es la oración más elevada, está reservada sólo para unas poquísimas almas escogidas, generalmente monjas o monjes de claustros y comunidades contemplativas. Ese concepto le encanta al Enemigo, que no quiere que seamos verdaderos orantes.
La oración de silencio, de recogimiento, de contemplación es para todo aquél que desee buscarla. Santa Teresa de Jesús dice que la oración contemplativa es la "Fuente de Agua Viva" que Jesús promete a la samaritana y que la promete para "todo el que beba de esta agua no volverá a tener sed" (Jn 4, 13). No dice el Señor que la dará a unos y a otros, no.
sábado, 4 de diciembre de 2010
lunes, 22 de noviembre de 2010
Los Santos y la Union con Jesucristo.
"¿Qué son los santos cristianos de acuerdo a la Biblia?"
Respuesta: La palabra “santo” viene de la palabra griega “hagios” que significa “consagrado a Dios, santo, sagrado, piadoso.” Casi siempre es usado en plural, “santos” “...Señor, he oído de muchos a cerca de este hombre, cuántos males ha hecho a Tus santos en Jerusalén.” (Hechos 9:13). “Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida.” (Hechos 9:32) “lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos,....” (Hechos 26:10). “Saludad a todos los santos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:21). En la Escritura hay 68 usos del plural de “santo.”
La idea de la palabra “santo” es un grupo de gente apartada para el Señor y Su reino. Hay tres referencias que aluden al carácter piadoso de los santos; “que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos,..” (Romanos 16:2) “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para edificación del cuerpo de Cristo.” (Efesios 4:12) “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos” (Efesios 5:3).
Por lo tanto, bíblicamente hablando, los “santos” son el cuerpo de Cristo, los cristianos, la iglesia. Todos los cristianos son considerados santos. Todos los cristianos son santos... y al mismo tiempo son llamados a ser santos. 1 Corintios 1:2 dice claramente, “a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos...” Las palabras “santificados” y “santos” provienen de la misma raíz griega, como la palabra que es traducida comúnmente como “santos”. Los cristianos son santos, en virtud de su unión con Jesucristo. Los cristianos son llamados a ser santos, para que permitan que paulatinamente su vida se ajuste cada vez más a su posición en Cristo. Esta es la descripción bíblica y el llamado de los santos.
¿Qué entiende por “santos” la Iglesia Católica, en comparación con la enseñanza bíblica? No mucho. En la teología Romana Católica, los santos están en el cielo. En la Biblia, los santos están en la tierra. En la enseñanza Romana Católica, una persona no se convierte en santo, a menos que él/ella sea “beatificado” o “canonizado” por el Papa o un obispo prominente. En la Biblia, cualquiera que ha recibido a Jesucristo por la fe, es santo. En la práctica Romana Católica, los santos son reverenciados, se les reza y en algunos casos, son adorados. En la Biblia, los santos son llamados a reverenciar, adorar y orar únicamente a Dios.
Respuesta: La palabra “santo” viene de la palabra griega “hagios” que significa “consagrado a Dios, santo, sagrado, piadoso.” Casi siempre es usado en plural, “santos” “...Señor, he oído de muchos a cerca de este hombre, cuántos males ha hecho a Tus santos en Jerusalén.” (Hechos 9:13). “Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida.” (Hechos 9:32) “lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos,....” (Hechos 26:10). “Saludad a todos los santos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:21). En la Escritura hay 68 usos del plural de “santo.”
La idea de la palabra “santo” es un grupo de gente apartada para el Señor y Su reino. Hay tres referencias que aluden al carácter piadoso de los santos; “que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos,..” (Romanos 16:2) “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para edificación del cuerpo de Cristo.” (Efesios 4:12) “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos” (Efesios 5:3).
Por lo tanto, bíblicamente hablando, los “santos” son el cuerpo de Cristo, los cristianos, la iglesia. Todos los cristianos son considerados santos. Todos los cristianos son santos... y al mismo tiempo son llamados a ser santos. 1 Corintios 1:2 dice claramente, “a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos...” Las palabras “santificados” y “santos” provienen de la misma raíz griega, como la palabra que es traducida comúnmente como “santos”. Los cristianos son santos, en virtud de su unión con Jesucristo. Los cristianos son llamados a ser santos, para que permitan que paulatinamente su vida se ajuste cada vez más a su posición en Cristo. Esta es la descripción bíblica y el llamado de los santos.
¿Qué entiende por “santos” la Iglesia Católica, en comparación con la enseñanza bíblica? No mucho. En la teología Romana Católica, los santos están en el cielo. En la Biblia, los santos están en la tierra. En la enseñanza Romana Católica, una persona no se convierte en santo, a menos que él/ella sea “beatificado” o “canonizado” por el Papa o un obispo prominente. En la Biblia, cualquiera que ha recibido a Jesucristo por la fe, es santo. En la práctica Romana Católica, los santos son reverenciados, se les reza y en algunos casos, son adorados. En la Biblia, los santos son llamados a reverenciar, adorar y orar únicamente a Dios.
sábado, 20 de noviembre de 2010
ESPIRITUALIDAD DE SAN FRANCISCO DE ASIS
San Francisco y su mensaje mantienen una actualidad sorprendente, capaz de despertar simpatías y acogida en todas las culturas. Francisco está más vivo que nunca e interpela a los hombres de hoy. ¿Y de que manera?. Su vida nos enseña a evitar el consumismo, a compartir, a ser portadores de paz, a respetar aquello creado.
Cuando hablamos de Francisco de Asís, lo identificamos inmediatamente con la pobreza. Y es verdad. Francisco, un chico de la burguesía de Asís, descubre el Evangelio y quiere seguir al Cristo pobre. Pero para Francisco, la pobreza cristiana significa servicio y disponibilidad, especialmente para los más pobres. En aquel tiempo, los leprosos. Nos lo explica él mismo en su testamento: "El Señor me condujo ente los leprosos y con ellos hice misericordia, Y aquello que me había parecido amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo".
No permitía recibir más limosna de la imprescindible. Decía: "Siempre he aceptado menos de lo que necesitaba, y esto lo hacía para no decepcionar a los más pobres. Hacer lo contrario sería cometer un hurto". Cuando Francisco veía un hombre con un vestido más pobre que el suyo, acto seguido le cambiaba la ropa.
Pero Francisco también era un hombre de paz. Poseía la paz de las bienaventuranzas. Cuando saludaba, deseaba a todos la Paz y el Bien. Predicaba la paz y deseaba que todos fueran capaces de perdonar a fin de disfrutar de ella. Estando enemistados el obispo y el alcalde de Asís, Francisco dijo a uno de los frailes: "Es una vergüenza para nosotros, siervos de Dios, que el obispo y el alcalde se odien de esta manera y que nadie no procure poner paz". Y como que Francisco estaba enfermo, envió a dos frailes a pedir al obispo y al alcalde que hicieran las paces para el bien del pueblo. Los dos se reconciliaron.
La creación era para Francisco el milagro del Dios Providente hacia las criaturas. Sería largo de enumerar los ejemplos de respeto y de amor que dio Francisco hacia aquello creado. Para expresar su amor compuso el "Cántico del Hermano Sol" que puede ser la plegaria del ecologista que tiene fe. Es una sinfonía de la creación, de la fraternidad universal.
Pero la raíz de toda la espiritualidad de Francisco la encontramos en el descubrimiento que él hace de Dios como Padre. Escribe: "¡Oh, que glorioso es tener en el cielo un Padre santo y grande! Oh que santo y estimable es tener un hermano como nuestro Señor Jesucristo, que dio su vida por nosotros!. Dios es nuestro santísimo Padre: creador, redentor, consolador y Salvador nuestro".
A alabanza de Cristo. Amén
| alma llena de Dios, entregada y dirigida a El, podrá sentir con mucha fuerza el deseo de encumbrarse hacia EL y abrirse con gran confianza. Esto nos traerá otro beneficio, nos iremos acostumbrarnos a mantenernos en mejor estado de gracia, porque irremediablemente, ya no permitiremos que nuestra vida caiga y acepte malas acciones. En efecto, un corazón y alimentado del amor de Dios, solo hace cosas buenas, en cambio un alma influenciada por el mal, solo cosas malas. |
| Pero tenemos que tener mucho cuidado en jactarnos de que somos los preferidos de Dios por el solo hecho que hemos tomado la determinación de ser de El. Nunca debemos perder el temor de Dios, entonces a través de la oración no dejemos de rogar que nos instruya en todos, y que sea El que dirija nuestros pasos para no caer en errores. -- Los amigos viejos de Dios por maravilla faltan a Dios, porque están ya sobre todo lo que les puede hacer falta--. (San Juan de la Cruz AV) |
Un alma enamorada de Dios, esta permanentemente en oración. Pero al mismo tiempo estará expuesta a ser bombarda por mucha gente que no está interesada en Dios, y oirá cosas que pueden desconcertarle. Si eso nos sucede, mantengamos nuestro corazón puro y a solas con Dios, es decir no lo dejemos contaminar. -- El espíritu bien puro no se mezcla con extrañas advertencias ni humanos respetos, sino solo en soledad de todas las formas, interiormente, con sosiego--. (San
|
| En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios en Cristo Jesús quiere de vosotros" (1ª Tes.5, 18) Cada cual debe conocer cuales son sus formas de expresarse con Dios, es algo en lo cual no podemos intervenir. Los siguientes son consejos sencillos y pueden serles válidos para ir acostumbrándose a dirigirse a nuestro Padre. Bendigamos siempre a Dios. Si terminamos algo y nos ha resultado bien, "Bendito seas Señor. Estamos en peligro de caer en falta pidamos: "Sálvanos Señor, que nos hundimos". Estamos tomando un camino equivocado: Señor, se mi guía, oriéntame para no equivocarme de camino. No se donde acudir: Señor, que no me desorienten mis pasos. Si hemos faltado: "Señor, ten piedad". También, podemos pedir a María Santísima que nos socorra, recordando que una buena madre, jamás abandona a su hijo. María Madre de Dios, estuvo al pie de la Cruz. Todo esto, nos entrenará para acostumbrarnos a dialogar con Dios y será parte de nuestro aprendizaje en el camino de enamorar nuestra alma de Dios. El Señor les Bendiga Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
viernes, 19 de noviembre de 2010
CONSEJOS DE LOS SANTOS Y LA ORACION
CONSEJOS DE LOS SANTOS SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA ORACIÓN
SAN JUAN CRISÓSTOMO.- HA la oración debiéramos considerarla como el colmo y término de todos nuestros bienes... Ella es la que produce en vosotros una vida santa... El no amar la oración es locura, y el que vive sin ella está ya muerto y corrompido... No hay señal más clara para conocer la virtud de un hombre que el ver el aprecio que se le hace de la oración... Es una verdad de todos manifiesta, que sin la oración no se puede vivir virtualmente. Ella es la única arma que nos defiende por completo.
"La oración es la cabeza de todos los bienes y el fundamento y raíz de una vida provechosa. La oración fortalece nuestra vida y sin ella nada habría en nosotros de bueno y saludable. La oración es para el hombre lo que el agua es para las plantas, o, más bien, lo que el agua es para los peces...
"Aunque seas perro, si eres asiduo en la oración, serás preferido al hijo descuidado... No digas: Dios es mi enemigo y no me escuchará, porque si eres asiduo en la oración, pronto te dará respuesta, si ya no por ser su amigo, al menos por ser pertinaz... No digas: "Mucho he pecado y no puedo rogar a quien tengo irritado", porque no mira Dios la dignidad o merecimiento, sino a la intención... Pues cuando no le pedimos es cuando se aira: y cuando no le rogamos es cuando se aparta de nosotros.
"Si a un hombre le pides continuamente se te tendrá por pesado y molesto; pero no es así Dios, el cual se molesta precisamente cuando no le pides, y si perseveras pidiendo, aún cuando inmediatamente no recibas, recibirás infaliblemente. Pues si encuentras la puerta cerrada, es justamente porque quiere obligarte a que llames, y si no te escucha en seguida es para que sigas pidiendo. Sigue, pues, pidiendo e infaliblemente recibirás". (Serm. sobre San Mateo).
SAN HILARIO.-"Habiendo puesto Cristo Nuestro Señor leyes difíciles de cumplir luego, dio este consejo: "Pedid y recibiréis", para indicamos la manera de poderlas cumplir... La consecución de todas las gracias divinas, depende únicamente de la oración".
SAN JOSE DE CALASANZ.- "Sin oración no se puede perseverar en el servicio de Dios... La oración es a manera de un canal por el que nos vienen todas las gracias... La oración es tan necesaria para el hombre interior como el alimento lo es para el hombre exterior".
SAN PEDRO DE ALCANTARA.- "Sin la gracia de la oración es imposible mortificarla carne y aún mucho más mortificar el espíritu»
SAN FRANCISCO DE SALES.- "No hay cosa que purifique más el entendimiento de ignorancias y la voluntad de afectos depravados que la oración" .
SAN JUAN BERCHMANS.- "Toda apostasía en la religión tiene su origen en la falta de oración. Si hago bien mi oración, perseveraré en mi vocación."
SAN LEONARDO DE PORTOMAURICIO.- "Tomad, pues, y conservad este importante consejo: Tened por día perdido aquél en el que no hacéis oración".
SAN FELIPE NERI.- "La oración mental y el pecado no pueden estar juntos. Un hombre sin oración es como un animal sin razón".
SAN ANTONIO MARIA CLARET.-:'La oración es el más rico y más necesario de todos los dones de Dios".
SAN EFREN.- "No hay en la vida del hombre tesoro comparable a la oración".
SAN NILO.- "No dará Dios la perseverancia, si no al que se la pida con perseverante oración".
SAN AGUSTIN.- "SI QUIERES VIVIR CRISTIANAMENTE CON FACILIDAD, HAZ MUCHA ORACION Y LO CONSEGUIRAS”.
SANTA TERESA DE JESUS.- "Como se haga la oración QUE ES LO MAS IMPORTANTE, no dejará de hacerse todo lo demás...
«La oración es el camino real para el Cielo, y camino seguro.. No me parece es otra cosa perder el camino, sino dejar la oración...
"Nadie puede hacerse a sí mismo mayor daño que dejar de tener oración...
Las almas sin oración son como un cuerpo tullido que aunque tiene pies y manos no se puede menear... El que persevere en la oración, por más pecados y tentaciones y caídas que ponga el demonio, tengo por cierto que la sacará el Señor a puerto de luz".
SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS,-"La oración y el sacrificio son mis armas invencibles; constituyen todas mis fuerzas, y sé por experiencia que conmueven los corazones mucho más que las palabras".
Y termino recogiendo algunos pensamientos de la carta de LUCIA, la vidente de Fátima, a su sobrino el P. José: "Lo que te recomiendo, por encima e todo, es que te llegues al Sagrario y reces. En la ,ración fervorosa recibes la luz, la fuerza y la gracia que necesitas... Sigue este camino y verás que en la oración encontrarás más ciencia, más luz, más fuera, más gracia y virtud de lo que pudieras conseguir leyendo muchos libros o haciendo grandes estudios. Nunca consideres malgastado el tiempo que ,ases en la oración... Que falte tiempo para todo lo demás, pero nunca para la oración... Estoy convenida de que la principal causa del mal que hay en el mundo y de los fallos de tantas personas consagradas es la falta de unión con Dios a través de la oración".
Nadie ignora que la Iglesia Católica está pasando por un momento muy difícil: Los seminarios están casi vacíos, y muchos religiosos y sacerdotes han solicitado la dispensa de sus votos.
Ante tan extraños y alarmantes acontecimientos, muchos nos preguntamos, cuál será la causa de esta crisis religiosa, y qué clase de cosas habrán sido el motivo que nos ha llevado a esta angustiosa relajación.
Algunos le echan la culpa al Concilio, otros a las tensiones políticas, y los más se quedan perplejos sin saberse explicar cómo hemos llegado a ésto y cuál será el porvenir que nos espera.
No obstante, en medio de este mundo que parece haberse olvidado por completo de Dios, todavía hay un grupo de almas valientes y generosas, que luchando contra la impetuosa corriente se sigue manteniendo en el lugar que les corresponde, fieles a su vocación. Y se mantienen firmes, porque han comprendido su gran debilidad y se han asido fuertemente a Cristo, única fortaleza de las almas. El es quien les ha enseñado y les ha hecho comprender aquella gran verdad tan predicada por todos los Santos: "EL QUE ORA SE SALVA, Y EL QUE NO ORA SE CONDENA",
Estamos estudiando el hecho inaudito de la gran relajación de una gran parte del Clero, que ha llevado a la Iglesia a un estado muy diferente al que teníamos hace veinte años. ¿Por qué hace veinte años estaban tan llenos los seminarios y había tanta ilusión en el clero en aumentar el fervor religioso mediante toda clase de ejercicios públicos de devoción, como novenarios, triduos, ejercicios espirituales, y aquellas famosas misiones populares que tanto bien hicieron y que tanta falta nos hacen ahora? y ¿por qué ahora todo se perdió? ¿Tiene la culpa el Concilio? ¿La tienen los partidos políticos? No, La culpa de todo está en LA F ALTA DE O RACION.
Decía San Francisco de Sales que "la lectura espiritual es la raíz, la meditación es el tallo y la oración es la flor que produce todas las virtudes". Sabido es de todos que las editoriales y librerías religiosas que hace veinte años estaban pujantes y fuertes, editando gran cantidad de libros religiosos, ahora están arruinadas. Las que no han cerrado ha cambiado de negocio, y sólo unas pocas se mantienen de las reservas de los libros editados entonces. Muchos se preguntan: ¿Por qué ahora se venden diez veces menos los libros religiosos que se vendían hace veinte años? La respuesta es clara: Ahora se lee menos, se medita menos y se hace menos oración. Pues estas tres cosas están estrechamente relacionadas: La oración brota de la meditación, y la meditación surge de la lectura espiritual.
Pero la pregunta es la siguiente: ¿Por qué ahora no se lee ni se hace oración como se hacía antes? La respuesta es clara y rotunda: POR CULPA DE LA TELEVISION. No se puede ver televisión y ser alma de oración. Oración y televisión, son dos cosas completamente incompatibles.
El autor de este librito, San Alfonso María de Ligorio, en su libro Instrucción al Pueblo, se hacía la siguiente pregunta: ¿Es pecado mirar a las mujeres?, y respondía: "Por de pronto, es pecado venial fijar la vista en mujeres jóvenes, y hay peligro de que llegue a mortal si las miradas son insistentes". ¿Qué diría el Santo, si viviera hoy y supiera lo que vemos cuando encendemos la televisión? ¿Podrá un alma mantenerse en gracia de Dios viendo todos los programas de la televisión? La respuesta la da el apóstol San Juan cuando dice:. "No améis al mundo ni las cosas que hay en él Si alguno ama al mundo, LA CARIDAD DEL PADRE NO ESTA EN ÉL (Es decir, no puede estar en gracia de Dios). Porque todo lo que hay en el mundo, (Es decir, todo lo que vemos por la televisión), es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida; y ésto no es de Dios, sino del mundo". (I,Jn,2,15-17).
No quiere esto decir que sea pecado grave ver cualquier cosa en televisión; se pueden ver las noticias y algunos programas inocentes sin peligro de ningún pecado; lo que no se puede hacer es verlo todo: primero, porque muchos programas son directamente malos, donde se ve que los protagonistas atacan directamente a la moral, tratando de excitar en el público las bajas pasiones de la carne.
Decía Jesucristo: "Todo el que mire a una mujer con mal deseo, ya adulteró en su corazón". Ahora yo te pregunto: ¿Acaso muchas de las artistas que salen en televisión, no hacen cuanto está de su parte para que los hombres las deseen? ¿Para qué sino, esa forma de enseñar sus carnes, esos movimientos provocativos, esas palabras de doble sentido, y todo ese largo de etcéteras que suelen usar?
Pero demos que tú no estés hecho de carne, sino de piedra, demos que tú puedas ver todo eso sin que tus instintos se revelen, ¿qué me dirás del tiempo que pierdes que tanta falta te está haciendo para leer y meditar? Si has leído este librito de San Ligorio, habrás comprendido la importancia de la oración. El Santo tenía mucho tiempo para orar porque se obligó con voto a no perder un minuto de tiempo; a ti no se te pide que te comprometas con una promesa formal; pero sí podrías hacer un firme propósito de no perderlo viendo las indecencias de la tele, porque además de hacerte perder el tiempo, te expones a perder la gracia, o cuando menos, te expones a que se llene tu cabeza de sugestivas imágenes que te imposibilitarán por completo para que puedas hacer oración.
La televisión es un arma perfectísima que tiene Satanás en sus manos para destruir la Iglesia y llevar muchas almas al infierno. ¡Es tan cómodo sentarse en el confort de una habitación, despreocupado de todo, para contemplar la televisión! Y es tan astuto el demonio que será capaz de persuadirte de que ésto es un recreo necesario que te hace falta para calmar tus, nervios demasiado excitados por las preocupaciones de la vida.
Sin embargo, no hay duda de que sólo ella ha sido el motivo de que muchísimas personas hayan descuidado necesidades tan primordiales, como la lectura espiritual, ]a meditación y la oración, ejercicios absolutamente necesarios para vivir nuestra vocación cristiana ajustando nuestra vida a los deseos de Cristo.
Tal vez algunos me digan: "Yo no hago oración mental, pero sí rezo el Rosario, oigo o celebro la Misa y tengo otros rezos vocales". Yo le preguntaría: y ¿cómo los haces?, ¿tienes siempre tus pensamientos en lo que pronuncian tus labios?, porque Santa Teresa dice: "Si no pensamos con Quién hablamos, y qué es lo que hablamos, y quiénes somos nosotros que osamos hablar con El, no la llamo yo oración..." La oración vocal tiene este peligro, que mientras estás rezando puedes estar pensando en otra cosa, mientras que si hablas con Dios con palabras propiamente tuyas, es más difícil que te distraigas, y es mucho más eficaz la oración. De aquí aquella afirmación de San Ligorio: "Muchos rezan el Rosario, el Oficio de Nuestra Señora, y hacen otras oraciones externas de devoción, y sin embargo continúan en pecado, mientras que el que hace oración mental es imposible que peque, porque una de dos, o deja la oración o abandona el pecado; oración mental y pecado es imposible que estén juntos" (Monja Santa)
Padre Pío
miércoles, 17 de noviembre de 2010
San francisco de Asis y la Eucaristia
Cuando meditaba en la razón de ser de la Eucaristía se abismaba con grandes ardores del alma en el amor de Cristo Jesús. Este amor de Cristo a las almas fue tan grande que hizo del Sacramento del Altar una de las condiciones necesarias para la salvación de las mismas. San Francisco se lo decía a todos y principalmente a sus hermanos, y no se cansaba de repetir las palabras con que el mismo Jesús, junto al lago de Genesaret, insistió sobre la necesidad de la comunión (cf. Jn 6). A sus hermanos y hermanas de las tres Ordenes prescribió rigurosamente que comulgasen varias veces en el año, no contentándose con el mínimo de comuniones que fueron disminuyendo siempre más en la época en que él vivió, hasta el punto de que la Iglesia se vio obligada a señalar como ley explícita la Comunión Pascual (Denz. 437). Con tan poco no se podía satisfacer el amor caballeresco de San Francisco, por lo cual prescribió tres comuniones por lo menos a los hermanos y hermanas de la Tercera Orden. Para los hermanos de la Primera Orden no señaló el número de comuniones, pero quiso que fuese grande (1 R 20).
Veía en la comunión el alimento por excelencia de toda santidad. Sin comunión no hay santidad posible. Con la comunión no hay ninguna que no pueda ser alcanzada. La preparación para recibir la comunión, la vida apta para recibirla muchas veces y, principalmente, una vida digna de la comunión recibida, son en realidad los medios más eficaces de la santidad y constituyen la cooperación debida a las gracias del sacramento. Tanto estimaba San Francisco la comunión, tanto creía en la necesidad de este sacramento para la salvación y la santidad, que su falta le parecía equivalente a una perniciosísima ceguera: «Pero todos aquellos que... no reciben el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo... están ciegos, porque no ven la verdadera luz, nuestro Señor Jesucristo» (2CtaF 63-66
martes, 16 de noviembre de 2010
EL SILENCIO DE LOS SANTOS
La vida interior podría consistir en esta sola palabra
¡Silencio! El silencio prepara los santos; él los comienza, los continúa y, los acaba. Dios, que es eterno, no dice más que una sola palabra, que es el Verbo. Del mismo modo, sería deseable que todas nuestras palabras digan Jesús directa o indirectamente. Esta palabra: silencio ¡cuán hermosa es!
¡Silencio! El silencio prepara los santos; él los comienza, los continúa y, los acaba. Dios, que es eterno, no dice más que una sola palabra, que es el Verbo. Del mismo modo, sería deseable que todas nuestras palabras digan Jesús directa o indirectamente. Esta palabra: silencio ¡cuán hermosa es!
1° Hablar poco a las creaturas y mucho a Dios
Este es el primer paso, pero indispensable, en las vías solitarias del silencio. En esta escuela es donde se enseñan los elementos que disponen a la unión divina. Aquí el alma estudia v profundiza esta vírtud, en el espíritu del Evangelio, en el espíritu de la Regla que abrazó, respetando los lugares consagrados las personas, y sobre todo esta lengua en que tan a menudo descansa el Verbo o la Palabra del Padre, el Verbo hecho carne. Silencio al mundo, silencio a las noticias, silencio con las almas más justas: la voz de un Angel turbó a María...
2° Silencio en el trabajo, en los movimientos
Silencio en el porte, silencio de los ojos, de tos oídos, de la voz; silencio de todo el ser exterior, que prepara al alma a pasar a Dios. El alma merece tanto como puede, por estos primeros esfuerzos en escuchar la voz del Señor. ¡Qué bien recompensado es este primer paso!
Dios la llama al desierto, y por eso.; en este segundo estado, el alma aparta todo lo que podría distraerla; se aleja del ruido, y huye sola hacia Aquél que solo es. Allí ella saboreará las primicias de la unión divina y el celo de su Dios. Es el silencio del recogimiento, o el recogimiento en el silencio.
Dios la llama al desierto, y por eso.; en este segundo estado, el alma aparta todo lo que podría distraerla; se aleja del ruido, y huye sola hacia Aquél que solo es. Allí ella saboreará las primicias de la unión divina y el celo de su Dios. Es el silencio del recogimiento, o el recogimiento en el silencio.
3° Silencio de la imaginación
Esta facultad es la primera en llamar a la puerta cerrada, del jardín del Esposo; con ella vienen las emociones ajenas, las vagas impresiones, las tristezas. Pero en este lugar retirado, el alma dará al Bien Amado pruebas de su amor. Presentará a esta potencia, que no puede ser destruida, las bellezas del cielo, los encantos de su Señor, las escenas del Calvario, las perfecciones de su Dios. Entonces, también ella permanecerá en el silencio, y será la sirvienta silenciosa del Amor divino.
4° Silencio de la memoria
Silencio al pasado... olvido. Hay que saturar esta facultad con el recuerdo de las misericordias de Dios... Es el agradecimiento en el silencio, es el silencio de la acción de gracias.
5° Silencio a las creaturas
¡Oh, miseria de nuestra condición presente! A menudo el alma, atenta a sí misma, se sorprende conversando interiormente con las creaturas, respondiendo en su nombre. ¡Oh, humillación que hizo gemir a los santos! En ese momento esta alma debe retirarse dulcemente a las más íntimas profundidades de este lugar escondido, donde descansa la Majestad inaccesible del Santo de los santos, y donde Jesús, su consolador v su Dios, se descubrirá a ella, le revelará sus secretos, v le hará probar la bienaventuranza futura. Entonces le dará un amargo disgusto para todo lo que no es El, y todo lo que es de la tierra. dejará poco a poco de distraerla.
6° Silencio del corazón
Si la lengua está muda, si los sentidos se encuentran en la calma, si la imaginación, la memoria y las creaturas se callan y hacen silencio, si no alrededor, si al menos en lo íntimo de esta alma de esposa, el corazón hará poco ruido. Silencio de los afectos, de las antipatías, silencio de los deseos en lo que tienen de dema siado ardiente, silencio del celo en lo que tiene de indiscreto; silencio del fervor en lo que tiene de exagerado: silencio hasta en los suspiros... Silencio del amor en lo que tiene de exaltado, no de esa exaltación de que Dios es autor, sino de aquella en que se mezcla la naturaleza. El silencio del amor, es el amor en el silencio...
Es el silencio ante Dios, suma belleza, bondad, perfección... Silencio que no tiene nada de molesto, de forzado; este silencio no daña a la ternura, al vigor de este amor, de modo semejante a como el reconocimiento de las faltas no daña tampoco al silencio de la humildad, ni el batir de las alas de los ángeles de que habla el profeta al silencio de su obediencia, ni el fiat al silencio de Getsemaní, ni el Sanctus eterno al silencio de los serafines...
Un corazón en el silencio es un corazón de virgen, es una melodía para el corazón de Dios. La lámpara se consume sin ruido ante el Sagrario, y el incienso sube en silencio hasta el trono del Salvador: así es el silencio del amor. En los grados precedentes, el silencio era todavía la queja de la tierra; en éste el alma, a causa de su pureza, empieza a aprender la primera nota de este cántico sagrado que es el cántico de los cielos.
Es el silencio ante Dios, suma belleza, bondad, perfección... Silencio que no tiene nada de molesto, de forzado; este silencio no daña a la ternura, al vigor de este amor, de modo semejante a como el reconocimiento de las faltas no daña tampoco al silencio de la humildad, ni el batir de las alas de los ángeles de que habla el profeta al silencio de su obediencia, ni el fiat al silencio de Getsemaní, ni el Sanctus eterno al silencio de los serafines...
Un corazón en el silencio es un corazón de virgen, es una melodía para el corazón de Dios. La lámpara se consume sin ruido ante el Sagrario, y el incienso sube en silencio hasta el trono del Salvador: así es el silencio del amor. En los grados precedentes, el silencio era todavía la queja de la tierra; en éste el alma, a causa de su pureza, empieza a aprender la primera nota de este cántico sagrado que es el cántico de los cielos.
7° Silencio de la naturaleza, del amor propio
Silencio a la vista de la propia corrupción, de la propia incapacidad. Silencio del alma que se complace en su bajeza. Silencio a las alabanzas, a la estima. Silencio ante los desprecios, las preferencias, las murmuraciones; es el silencio de la dulzura y de la humildad. Silencio de la naturaleza ante las alegrías o los placeres. La flor se abre en silencio y su perfume alaba en silencio al creador: el alma interior debe hacer lo mismo. Silencio de la naturaleza en la pena o en la contradicción. Silencio en los ayunos, en las vigilias, en las fatigas, en el frío y el calor. Silencio en la salud, en la enfermedad, en la privación de todas las cosas: es el silencio elocuente de la verdadera pobreza y de la penitencia; es el silencio tan amable de la muerte a todo lo creado y humano. Es el silencio del yo humano transformándose en el querer divino. Los estremecimientos de la naturaleza no podrían turbar este silencio, porque está por encima de la naturaleza.
8° Silencio del espíritu
Hacer callar los pensamientos inútiles, los pensamientos agradables y naturales; sólo éstos dañan al silencio del espíritu, y, no el pensamiento en sí mismo, que no puede dejar de existir. ¡Nuestro espíritu quiere la verdad, y nosotros le damos la mentira! ¡Ahora bien, la verdad esencial es Dios! ¡Dios basta a su propia inteligencia divina, y no basta a la pobre inteligencia humana!
Por lo que mira a una contemplación de Dios sostenida, inmediata, no es posible en la debilidad de la carne, a no ser que Dios conceda un puro don de su bondad; pero el silencio en los ejercicios propios del espíritu consiste; en relación a la fe, en contentarse con su luz oscura. Silencio a los razonamientos sutiles que debilitan la voluntad v disecan el amor. Silencio en la intención: pureza, simplicidad; silencio a las búsquedas personales; en la meditación, silencio a la curiosidad; en la oración, silencio a las propias operaciones, que no hacen más que obstaculizar la obra de Dios. Silencio al orgullo que se busca en todo, siempre y en todas partes; que quiere lo bello, el bien, lo sublime; es el silencio de la santa simplicidad; del desprendí-miento total de la rectitud.
Un espíritu que combate contra tales enemigos es semejante a esos ángeles que ven sin cesar la Faz de Dios. Esta es la inteligencia, siempre en el silencio, que Dios eleva hasta sí.
Por lo que mira a una contemplación de Dios sostenida, inmediata, no es posible en la debilidad de la carne, a no ser que Dios conceda un puro don de su bondad; pero el silencio en los ejercicios propios del espíritu consiste; en relación a la fe, en contentarse con su luz oscura. Silencio a los razonamientos sutiles que debilitan la voluntad v disecan el amor. Silencio en la intención: pureza, simplicidad; silencio a las búsquedas personales; en la meditación, silencio a la curiosidad; en la oración, silencio a las propias operaciones, que no hacen más que obstaculizar la obra de Dios. Silencio al orgullo que se busca en todo, siempre y en todas partes; que quiere lo bello, el bien, lo sublime; es el silencio de la santa simplicidad; del desprendí-miento total de la rectitud.
Un espíritu que combate contra tales enemigos es semejante a esos ángeles que ven sin cesar la Faz de Dios. Esta es la inteligencia, siempre en el silencio, que Dios eleva hasta sí.
9° Silencio del juicio
Silencio cuanto a las personas, silencio cuanto a las cosas. No juzgar, no dejar ver la propia opinión. No tener opinión a veces, es decir, ceder con simplicidad, si nada se opone a ello por prudencia o por caridad. Es el silencio de la bienaventurada. y santa infancia, es el silencio de los perfectos, el silencio de los ángeles y de los arcángeles, cuando siguen las órdenes de Dios. ¡Es el silencio del Verbo encarnado!
10° Silencio de la voluntad
El silencio a los mandamientos, el silencio a las santas leyes de la regia, no es, por decirlo así, más que el silencio exterior de la propia. Voluntad. El Señor tiene algo que enseñarnos de mas profundo y de más difícil: el silencio del esclavo bajo los golpes de su amo. Pero ¡feliz esclavo, pues el Amo es Dios! Este silencio es el de la víctima sobre el altar, es el silencio del cordero que es despojado de su vellocino, es el silencio en las tinieblas, silencio que impide pedir la luz, al menos la que alegra. Es el silencio en las angustias del corazón, en los dolores del alma.; el silencio de un alma que se vio favorecida por su Dios, y que, sintiéndose rechazada por El; no pronuncia ni siquiera estas palabras: ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? Es el silencio en el abandono, el silencio bajo la severidad de la mirarla de Dios, bajo el peso de su mano divina; el silencio sin otra queja que la del amor. Es el silencio de la crucifixión, es más que el silencio de los mártires, es el silencio de la agonía de Jesucristo. Si, este silencio es su divino silencio, y nada es comparable a su voz, nada resiste a su oración, nada es más digno de Dios que esta clase de alabanza en el dolor, que este fiat en el lagar; que este silencio en el trabajo de la muerte.
Mientras esta voluntad humilde y libre, verdadero holocausto de amor, se destroza v se destruye para la gloria del nombre de Dios, El la transforma en su voluntad divina. Entonces ¿qué falta para su perfección? ¿Qué se requiere todavía para la unión? ¿Qué falta para que Cristo sea acabado en esta alma? Dos cosas: la primera es el último suspiro del ser humano, la segunda es una dulce atención al Bien Amado cuyo beso divino es la inefable recompensa.
Mientras esta voluntad humilde y libre, verdadero holocausto de amor, se destroza v se destruye para la gloria del nombre de Dios, El la transforma en su voluntad divina. Entonces ¿qué falta para su perfección? ¿Qué se requiere todavía para la unión? ¿Qué falta para que Cristo sea acabado en esta alma? Dos cosas: la primera es el último suspiro del ser humano, la segunda es una dulce atención al Bien Amado cuyo beso divino es la inefable recompensa.
11° Silencio consigo mismo
No hablarse interiormente, no escucharse, no quejarse ni consolarse. En una palabra, callarse consigo mismo, olvidarse a si mismo, dejarse solo, completamente solo con Dios; huirse, separarse de sí mismo. Este es el silencio más difícil, y sin embargo es esencial para unirse a Dios tan perfectamente como pueda hacerlo una pobre creatura, que, con la gracia, llega a menudo hasta aquí, pero se detiene en este grado, por que no lo comprende y lo practica menos aún. Es el silencio de la nada. Es más heroico que el silencio de la muerte.
12° Silencio con Dios
Al comienzo Dios decía al alma: "Habla poco a las creaturas y mucho conmigo”. Aquí le dice. "No me hables más”. El silencio con Dios es adherirse a Dios, presentarse y exponerse ante Dios, ofrecerse a El, aniquilarse ante El, adorarlo, amarlo, escucharlo, oírlo, descansar en El. Es el silencio de la eternidad; es la unión del alma con Dios.
EL SILENCIO DE MARIA
El silencio de María
"María no es soberana sino servidora. No es meta, sino camino. No es semidiosa, sino la Pobre de Dios. No es todopoderosa, sino intercesora. Es, por encima de todo, la Madre que sigue dando a luz a Jesucristo en nosotros." La Theotokos es, pues, la Madre de Jesucristo y la Madre nuestra. Dios Padre encargó a su Hijo Jesucristo transformar al hombre y al mundo, liberándolo del pecado y conduciéndolo a la "divinización" mediante la gracia. Es el momento del gran retorno de los hijos a la Casa del Padre, al Reino de Dios. La Madre de Dios precede y guía a sus hijos en este lento y difícil caminar, por medio del amor, de la humildad, del silencio, de la fe profunda en Dios, de la conversión interior y del enriquecimiento espiritual; la reconciliación fraterna y la donación hacia los demás. "Sé el camino de los que parten y la serenidad de los que quedan. Acompáñanos siempre, mientras vamos peregrinando juntos hacia el Padre."
La Madre es la maestra que nos ayuda a encarnar a su Hijo Jesucristo vivo, sufriente, pobre, humilde, paciente, misericordioso, como el que perdona y calla, y defiende la verdad divina hasta con la muerte: "Madre del Silencio y de la Humildad, tú vives perdida y encontrada en el mar sin fondo del misterio del Señor."
"María no es soberana sino servidora. No es meta, sino camino. No es semidiosa, sino la Pobre de Dios. No es todopoderosa, sino intercesora. Es, por encima de todo, la Madre que sigue dando a luz a Jesucristo en nosotros." La Theotokos es, pues, la Madre de Jesucristo y la Madre nuestra. Dios Padre encargó a su Hijo Jesucristo transformar al hombre y al mundo, liberándolo del pecado y conduciéndolo a la "divinización" mediante la gracia. Es el momento del gran retorno de los hijos a la Casa del Padre, al Reino de Dios. La Madre de Dios precede y guía a sus hijos en este lento y difícil caminar, por medio del amor, de la humildad, del silencio, de la fe profunda en Dios, de la conversión interior y del enriquecimiento espiritual; la reconciliación fraterna y la donación hacia los demás. "Sé el camino de los que parten y la serenidad de los que quedan. Acompáñanos siempre, mientras vamos peregrinando juntos hacia el Padre."
La Madre es la maestra que nos ayuda a encarnar a su Hijo Jesucristo vivo, sufriente, pobre, humilde, paciente, misericordioso, como el que perdona y calla, y defiende la verdad divina hasta con la muerte: "Madre del Silencio y de la Humildad, tú vives perdida y encontrada en el mar sin fondo del misterio del Señor."
lunes, 15 de noviembre de 2010
TU PUEDES SER SANTO
| La Santidad en Pocas Palabras |
| Madre M. Angélica |
| DEJARSE CAMBIAR ES CONVERTIRSE. DEJARSE TRANSFORMAR ES SANTIDAD. ¿QUIÉN ESTÁ LLAMADO A LA SANTIDAD? Todo hombre, toda mujer y todo niño de toda época, en todo estado de vida, condición, grado de talento y profesión. TÚ ESTÁS LLAMADO A LA SANTIDAD. "Sed santos en toda vuestra conducta como dice la Escritura: Seréis santos, porque santo soy yo" (1 Pedro 1,15), ¿POR QUÉ? ¡Porque Dios te ama! Tú eres precioso para Él. Tú le perteneces a Él. Él te amó antes de que existiera el tiempo. Él es tu Padre. Tú lo necesitas. ÉL DESEA QUE TU SEAS COMO ÉL: SANTO. "En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos" (Efesios 2,10) ¿CUÁNDO? ¡Ahora! Hoy—en este momento. SU GRACIA TE BASTA. "En el tiempo favorable te escuché y en el día de salvación te ayudé. ¡Mirad!, ahora es el tiempo favorable; ahora el día de salvación " (2 Corintios 6,2). ¿DÓNDE PUEDO PRACTICAR LA SANTIDAD? En el hogar En el trabajo En el descanso En la escuela en una multitud—solo—en tu familia—en la prisión—en el ghetto. TÚ PUEDES SER SANTO EN TODAS PARTES "Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios" (1 Corintios 10,31) ¿ES ESTO POSIBLE? Sí, Jesús dará frutos en ti si tú cooperas con Su gracia. La gracia se recibe con el arrepentimiento, la Confesión, la Comunión, la oración, los sacramentos, la Escritura, las buenas obras—amor, fe y esperanza. "Pero Ilevamos este tesoro en vasos de barro para que aparezca que la extraordinaria grandeza del poder es de Dios y que no viene de nosotros" (2 Corintios 4,7). ¿ES VERDADERAMENTE PARA MI? Sí, la santidad es para ti. No es para personas especialmente elegidas. La santidad es para la gente común y corriente que realizan con gozo la voluntad de Dios, en fe y en verdad. "El santuario de Dios es sagrado, y vosotros sois ese santuario" (1 Corintios 3,17). ¿QUE DEBO HACER? Sé fiel a tu estado de vida—casado, soltero, religioso o estudiante. Sé fiel a la Santa Madre Iglesia—a los preceptos, los sacramentos, los mandamientos, la doctrina, la enseñanza. Lée la palabra de Dios y otras lecturas espirituales. Observa las bienaventuranzas—compendio de la santidad. Ama e interésate. Permite que Jesus resplandezca a través de ti. Ora. "Todo cuanto hay de verdadero, de noble, de amable, de puro, todo esto tenedlo en cuenta" (Filipenses 4,8). ¿CUÁLES SON ALGUNAS DE LAS SUGERENCIAS PRÁCTICAS? 1. Mira a Cristo en el momento presente. 2. Cambia toda situación desagradable para bien de to alma. 3. Adáptate al temperamento de to prójimo. 4. Permanece unido a la voluntad de Dios. 5. Elige a Dios por encima de ti. 6. Imita a Jesús. 7. Visita a Jesus frecuentemente en el Santísimo Sacramento. 8. Practica la virtud. 9. Recibe los sacramentos con frecuencia. 10. Trata de estar consciente de Su presencia. "Que cada uno de nosotros trate de agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación." (Romanos 15, 2). ¿DÓNDE ESTA MI FORTALEZA? En la misericordia del Padre En la Preciosa Sangre de Jesús En el poder del Espíritu En la intercesión de María, nuestra Madre En la protección de los ángeles En la Eucaristía En Su cruz "Que el mismo Señor nuestro Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y que nos ha dado gratuitamente una consolación eterna y una esperanza dichosa, consuele vuestros corazones y los afiance en toda obra y palabra buena" (2 Tesalonicenses 2,16). ¿VERÉ LOS RESULTADOS? Sí, verás más armonía en el hogar Más paciencia con to prójimo Más fortaleza para vencer la debilidad Más compasión con otros Más misericordia Más gozo Paz en medio de la confusión "El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza" (Gálatas 5,22-24). ¿DONDE ESTÁ LA FUENTE CONSTANTE DE LA SANTIDAD? en Su amor—Su gracia—Su Iglesia Su palabra—Su Espíritu—Su poder Sus sacramentos—Su presencia Su cruz—Su resurrección "Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él" (Juan 6,55). ¿CUÁNTO TIEMPO TOMARÁ ESTO? De momento a momento—de oración a oración—de día a día. "No que lo tenga ya conseguido o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús. Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavia. Pero una cosa hago. olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante" (Filipenses 3,12-14). METAS Ser como prójimo Amar a mi prójimo como Jesús lo ama Ser fiel a Su Iglesia Proclamar la Buena Nueva Ser Santo "Te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el fin de la tierra" (Hechos 13,47). Impreso con la aprobación eclesiástica de JOSEPH G. VATH, D.D. Obispo de Birmingham, Alabama Traducción de Connie Nodarse Las citas biblicas |
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