jueves, 3 de octubre de 2013
Pura humildad
Pura humildad
Un día Francisco atravesaba por la hacienda de un campesino, montado en un asno. Este, que estaba trabajando en ella, corrió hacia el santo y le preguntó con vivo interés si era él el hermano Francisco. Y como Francisco respondió con humildad que era el mismo por quien preguntaba, le dice el campesino:
- Procura ser tan bueno como dicen todos que eres, pues son muchos los que tienen puesta su confianza en ti. Por lo cual te aconsejo que nunca te comportes contrariamente a lo que se espera de ti.
El santo, al oír eso, se desmonta del asno y, postrado delante del campesino, le besa humildemente los pies y le da gracias por el favor que le ha hecho con la advertencia.
Francisco, a pesar de ser tan celebrado por la fama (tanto que muchos lo tenían por santo), él se juzgaba vil a los ojos de Dios y de los hombres, sin ensoberbecerse ni de la celebridad ni de la santidad que poseía.
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