25 de septiembre de 2013 a la(s) 22:13
Decía
un anciano: «Si uno da una orden a un hermano con humildad y temor de
Dios, esta palabra pronunciada por amor de Dios dispone al hermano a
someterse y a hacer lo mandado. Pero si uno da una orden a un hermano
sin temor de Dios, sino para hacer sentir su autoridad y como
manifestando su dominio, Dios, que ve los secretos del corazón, no
permite que el hermano entienda y haga lo que se le manda. Porque
aparece muy claro cuando algo se manda por amor de Dios, y cuando se
manda de manera autoritaria por propia voluntad. Lo que es de Dios se
manda con humildad y en forma de ruego. Lo que se manda con dominio, con
irritación y brusquedad, procede del maligno».


No hay comentarios:
Publicar un comentario