martes, 30 de julio de 2013
San Alfonso María de Ligorio. Práctica de amor a Jesucristo, Cap. 8
Mi tercer gran Amigo que me ha regalado la gracia de comulgar y de vivir la eucarístia en su plenitud San Alfonso María de Ligorio.Almas pusilánimes hay que, cuando el confesor les exhorta comulgar más a menudo, responden: Pero… si yo no soy digna…. Y ¿no sabes que, mientras menos comulgues, más indigna te haces de ese divino manjar, porque, no comulgando, los defectos crecen y disminuyen las fuerzas? ¡Ánimo, pues! Obedece a tu director y déjate guiar por él, que las imperfecciones, cuando no son voluntarias, no estorban el comulgar mayormente cuando el principal defecto está en no someterte a lo que te ordena el padre espitirual.
Cierto, pero si en lo pasado viví vida tan imperfecta … ¿Ignoras – te respondo – que quien más necesitado está de la medicina y del médico es precisamente quien se hallare más enfermo? Jesús en el sacramento es médico y medicina. Oye a san Ambrosio: “Yo que siempre peco, debo tener siempre a punto el remedio” Lo creo, pero el confesor no me manda comulgar más a menudo. Pues si él no te lo manda, pídele tú permiso para ello, y si te lo niega, obedece y, entre tanto, no dejes de recabar su licencia. Padre, pero esto suena a soberbia. Lo sería si quisieras comulgar contra su parecer, pero no cuando se los suplicas humildemente, porque este pan celestial reclama que se tenga hambre de él. Jesús quiere ser deseado, tiene sed de que estemos sedientos de Él, como dice un devoto autor. Este solo pensamiento, hoy que comulgué y mañana voy a comulgar, trae al alma en vela para huir de los defectos y cumplir en todo la divina voluntad. Pero, si no tengo fervor … Si hablas del fervor sensible, no te es necesario, ni Dios lo da siempre aun a sus almas predilectas; basta que tengas el fervor que supone una voluntad resuelta a entregarse del todo a Dios e ir creciendo en el amor divino. Dice Juan Gersón que quien se priva de comulgar porque no siente la devoción que deseara tener, se asemeja al que no se acerca al fuego por estar yerto de frío.
Pero, Dios mío, ¡Cuántas almas, por no obligarse a vivir vida más recogida y desprendida de las cosas terrenas, dejan de comulgar con frecuencia, no siendo otra la causa de que no comulguen más a menudo!
Se dan cuenta de que con la comunión frecuente no se compadecen el ansia de aparentar, la vanidad en el vestir, la gula, las comodidades y la frivolidad de las conversaciones, y por eso se averguenzan de acercarse frecuentemente a los altares.
Cierto que tales almas hacen bien en abstenerse de la comunión frecuente, pues se halllan en tan miserable estado de tibieza, pero están obligadas a salir de tal tibieza quienes, llamadas a vida más perfecta, no quieran arriesgar gravemente su eterna salvación.”
San Alfonso María de Ligorio. Práctica de amor a Jesucristo, Cap. 8
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