Francisco:
un laico que hace teología
Jerónimo Bórmida
Francisco fue uno de los teólogos más
notables en la historia del cristianismo... Más aún, si teólogo es aquel que
experimenta fuertemente a Dios en su vida y que además tiene la capacidad de
expresar esa vivencia en fórmulas gestuales, habladas o escritas, entonces el
pobrecito de Asís fue uno de los teólogos eminentes no sólo en el ámbito
eclesial, sino en la historia de la humanidad. Francisco fue un teólogo
“laico”: no fue ni un profesional de la religión ni un dirigente ordenado
de la iglesia institucional.
Se ha estudiado suficientemente acerca del
grado de instrucción civil y religioso que poseyó Francisco[1], pero no es éste el punto. Un gran experto en la “ciencia de
Dios” puede ser analfabeto y lo demuestran muchos de los grandes místicos
del cristianismo. Lamentablemente los axiomas prejuiciales, clásicos en la
iglesia, reservan la teología a los clérigos y a los universitarios. Un ejemplo:
el Dizionario Francescano[2], al tratar el tema de la iglesia, afirma que Francisco era lo
suficientemente ignorante e idiota como para no ser capaz de elaborar una
eclesiología. Parece que solamente los doctos y titulados pueden pensar a Dios y
hablar de Dios.
Teología popular y teología científica
Todo ser humano, en cuanto humano, por el
simple hecho de ser tal, tiene alguna experiencia de Dios y por lo tanto es
“teólogo”, porque ha realizado algún tipo de reflexión, a nivel más o
menos consciente, sobre su propia experiencia. Como todo individuo es impensable
sin comunidad, este conocimiento humano acerca de Dios y de lo que Dios quiere
para el hombre, lo encontramos codificado en sistemas de creencias, (conjunto de
experiencias, tomas de conciencia, formulaciones) que se ubican en el campo de
las cosmovisiones, llámense éstas religiones, culturas, ideologías o
espiritualidades. Estos sistemas pueden ser llamados, sin reservas, verdaderas
teologías populares.
Todo humano confiesa, con sus palabras y
sus gestos, con su teoría y su praxis, una serie de creencias acerca de Dios y
de la voluntad de Dios. Incluso aquél que afirma que Dios no existe, o que si
existe no puede ser conocido, o que arguye que si existiera no pudiera permitir
el mal en el mundo... ese tal elabora una teología. A nivel de creencias
populares encontramos un tratado de Dios, marcadamente "económico":
doctrinas sobre la gracia, la salvación y la perdición, la pertenencia a la
Iglesia, la celebración de los sacramentos, el proyecto humano y la escatología,
etc., etc.
Si la teología "popular" es una
sistematización simbólica de la fe, hay que tener en cuenta que no hay
una teología popular: existen tantas "escuelas" teológicas
populares como diferentes son los caldos de cultivo donde éstas nacen y crecen.
Francisco de Asís nos ofrece, en el contexto medieval, una síntesis genial de
una teología popular madurada durante varios siglos al margen de los monasterios
y de las universidades.

