viernes, 10 de febrero de 2012
SAN JUAN DE LA CRUZ, CREADOR DEL SÍMBOLO
El creador del símbolo de la noche oscura San Juan de la Cruz, que según declaración de su compañero Eliseo de los Mártires: «Supo y sintió altamente de la oración y trato con Dios, y a todas las dudas que le proponían acerca de estos puntos, respondía con alteza de sabiduría, dejando a los que le consultaban muy satisfechos y aprovechados», nos enseña que su tesis se resume en que para llenarse de Dios hay que vaciarse de uno mismo y que el método para conseguir este vacío para que la nada y el todo se fundan en uno lo enseña en sus tratados, Subida del Monte Carmelo y Noche oscura del alma. El describe la noche oscura por la que el alma tiene que pasar para entrar en la tercera y última etapa de la unión con Dios, como «la fuerte lejía de la purgación de esta noche del espíritu, sin la cual no podrá venir a la pureza de la unión divina». Es una verdadera desolación de orden espiritual: mientras el alma anhela a Dios y se siente abandonada por Él.
Pero como no es lo mismo leerlo escrito que verlo practicado, trataremos de lo que, lo que en teoría y doctrina, ha expuesto San Juan en su Noche oscura, puedan verlo los lectores expresado y encarnado en la vida de cada día por personas que han decidido vivir a fondo y coherentemente, empezando por la vida del mismo San Juan de la Cruz desde niño para culminarlo en su vida de extrema pobreza y de persecución de sus propios hermanos hasta su secuestro en la cárcel de Toledo, donde fue torturado, amenazado de muerte, chantajeado y pudriéndose en aquel estercolero, para terminar con una consanguínea suya, Teresita del Niño Jesús, que la vivió con heroísmo paradigmático.
LA MADRE TERESA DE CALCUTA
Más recientemente la ha vivido la Madre Teresa de Calcuta. Un libro recién publicado por el postulador de la causa de canonización de la Beata Madre Teresa de Calcuta, Brian Kolodiejchuk, «Madre Teresa: Ven y sé mi luz» («Mother Teresa: Come Be My Light». y ha sido publicado por la editorial estadounidense Doubleday. El autor declara que su noche oscura fue una especie de martirio debido a la presencia-ausencia de Dios. En una de sus cartas, la Madre Teresa dice: «Hay tanta contradicción en mi alma: un profundo anhelo de Dios, tan hondo que hace daño; un sufrimiento continuo, y con ello el sentimiento de no ser querida por Dios, rechazada, vacía, sin fe, sin amor, sin celo... El cielo no significa nada para mí, me parece un lugar vacío!». Este sufrimiento lacerante, provocado por el vacío de Dios, es el signo de un fenómeno positivo. Es una presencia-ausencia por la que Dios está presente pero no es experimentado. El que la Madre Teresa pudiera pasar horas ante el Santísimo, como dicen los testigos que la vieron, casi extasiada y lo hiciera en estas condiciones, demuestra que es un verdadero martirio, porque para quien no experimenta a Dios y siente ese vacío, estar durante horas quieta ante el Santísimo significa estar entre llamas. No hay que escandalizarse por estos escritos de la Madre Teresa, pues esto hace más grande su figura, no la empequeñece, pues los ateos “normales”, comunes, no se afligen por la ausencia de Dios; por el contrario, para la Madre Teresa era la prueba más terrible que podía vivir.
LA MADRE TERESA GRANDE EN LA SANTIDAD
La Madre Teresa tiene verdaderamente la talla de los grandes de la santidad cristiana, precisamente por su capacidad de esconder estos fenómenos, de vivirlos personalmente en lo íntimo de su corazón. Quizá lo hizo precisamente en expiación por este ateísmo creciente que se da en el mundo de hoy, pues en el fondo la Madre Teresa vivió este vivir como si Dios no existiese positivamente, con fe, del lado de Dios. La «noche oscura», «es muy conocida en la tradición cristiana; lo nuevo ha sido la manera en que la vivió la Madre Teresa. Pues mientras la “noche oscura del espíritu” de san Juan de la Cruz es un período preparatorio al unitivo, en el caso de la Madre Teresa parece que fue estable, desde que comenzó su gran obra de caridad, hasta el final. Creo que la Madre Teresa es la santa de la era de la comunicación, pues esta “noche del espíritu” la protegió de la posibilidad de convertirse en víctima de los medios, dejándose exaltar a sí misma. Era una especie de escudo para atravesar la era de los medios de comunicación. La interminable noche de algunos santos modernos es el medio de protección para los santos de hoy, que viven y trabajan constantemente bajo los focos de los medios. Es el traje de amianto para quien debe ir entre las llamas; el aislante que impide a la corriente eléctrica salir, provocando cortocircuitos. Lo mismo podríamos decir del Juan Pablo II. De hecho, ella misma decía que ante los más grandes honores y ante el interés de la prensa, ella no sentía nada porque vivía este vacío interior.
SANTA TERESA DE JESÚS
Santa Teresa de Jesús, la gran mística de Ávila, describe así la suya: «Oh válgame Dios, y qué son los trabajos interiores y exteriores que padece un alma hasta que entre en la séptima morada... Ningún consuelo se admite en esta tempestad ... », San Pablo de la Cruz y Santa Juana Chantal, también sufrieron la noche oscura, la “noche amable más que la alborada”.
SAN PÍO DE PIETRALCINA
El Padre Pío de Pietralcina estuvo convencido toda la vida de que sus famosos estigmas en manos y costado no eran un signo de predilección y de aceptación de parte de Dios, sino, al contrario, de su rechazo y del justo castigo divino por sus pecados. El santo italiano llega a decir que «el sufrimiento del alma en este estadio es tan grande que sólo es comparable al del infierno».
PEDRO Y PABLO
San Pedro, apóstol, cabeza del círculo más íntimo de Jesús que lo deja todo por seguir al Maestro, duda sin cesar, y lo niega tres veces. Y San Pablo, el apóstol advenedizo, decía: «Para que no me engría con la sublimidad de esas revelaciones, me fue introducido un aguijón a mi carne». La espina en su carne era el silencio de Dios. Aunque vicarios de Cristo en la tierra, también los Papas tuvieron dudas de fe y se plantearon preguntas radicales sobre el sentido de la vida y de la inmortalidad.
SAN FRANCISCO DE ASIS
La noche oscura de San Francisco de Asís fue una crisis, una prueba terrible. Tuvo el sentimiento de fracaso. Allí le esperaba Dios. Fue una suprema purificación. Con el alma desgarrada, el pobre de Asís avanzó hacia una despojo de si completa y definitiva. A través de la turbación y de las lágrimas iba por fin a llegar a la paz y la alegría.
ROSA DE LIMA Y CATALINA DE SIENA
A Rosa de Lima, como a santa Catalina de Siena, se les concedió la gracia mística de participar físicamente en la pasión de Jesús y Rosa durante quince años tuvo que atravesar la dura experiencia interior de la ausencia de Dios, ese sufrimiento del espíritu que san Juan de la Cruz llama la "noche oscura". La de Rosa fue una vida escondida y atormentada que, dócil al Espíritu Santo, alcanzó las más altas cumbres de la santidad. En uno de los misteriosos mensajes que recibió del Señor. "Que sepan todos le confió Jesús— que la gracia sigue a la tribulación; entiendan que sin el peso de las aflicciones no se llega a la cumbre de la gracia; comprendan que en la medida en que crece la intensidad de los dolores, aumenta la de los carismas. Ninguno se equivoque ni se engañe; esta es la única y verdadera escalera hacia el paraíso y, fuera de la cruz, no hay otra vía por la que se pueda subir al cielo".
EL PAPA BEATO JUAN XXIII
El Papa Beato Juan XXIII, que tuvo la inspiración de convocar el Concilio Vaticano II, el Concilio del «aggíornamento» para poner al día a la Iglesia, ante las inflexibles críticas de gran parte de la Curia romana llegó a dudar de que su intuición fuese obra de Dios. A Pablo VI se le conoce como el Papa hamletiano: su pontificado estuvo lleno de dudas. Antes de morir aseguraba: «El humo de Satanás ha entrado en la Iglesia». Juan Pablo II tenía una fe instintiva, mística. No necesitaba creer: para él Cristo era evidente, aun en medio de las tinieblas interiores. Benedicto XVI es un intelectual posmoderno: cree a fondo, no obstante las dudas. La fe para él es una continua victoria de la razón. Que Dios existe y Jesús es su Hijo lo demuestra con razonamientos. Pero la razón se topa a menudo con el silencio de Dios.
TENTACIONES DIABOLICAS Y ESPIRITUALES
En la noche se sufren dos tipos de tentaciones. Las diabólicas, en las que Satán impide dormir, como a san Juan María Vianney o llevar una vida normal. Las espirituales, intentan destruir la fe, sembrando dudas sobre la existencia de Dios. Es el peaje de los que aspiran a llegar a las cumbres de la santidad: filósofos, Papas, santos y el mismo Jesucristo, que fue tentado en la montaña por Satanás en el huerto de Getsemaní y en la cruz, ha dicho el cardenal español Julián Herranz. El Nazareno murió gritando: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».
Y de Jesús abajo, todos los grandes pasaron por el mismo trance. María duda del anuncio del ángel de que va a ser madre de Dios: « ¿Cómo puede ser eso?». También José, envuelto en un mar de dudas ante el embarazo de su esposa, estaba decidido a repudiarla, hasta que el ángel le anunció: «Eso es cosa de Dios»
ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, VICENTE DE PAUL Y NICOLAS FACTOR
San Alfonso María de Ligorio atraviesa un terrible período de "noche obscura del alma", sufre tentaciones sobre su fe y sus virtudes. Se ve abrumado por sus escrúpulos, temores y alucinaciones diabólicas, durante dieciocho meses, con intervalos de luz y reposo. A esto le siguió un periodo de éxtasis, profecías y milagros.
Preguntaba el Beato Nicolás Factor a San Luis Beltrán: « ¿Qué os parece, Luis, me salvaré?» Ésta fue su cruz mental, la noche oscura, el contrapeso de las gracias extraordinarias durante toda su vida, que se hizo sentir más pesadamente desde la muerte del amigo en octubre de 1581.
También San Vicente de Paul sufrió una terrible tentación contra la fe, que aceptó para lograr que Dios librara de esa tentación a un amigo suyo. Esto lo hizo sufrir hasta lo indecible y fue para su alma "la noche oscura". A los 30 años escribe a su madre contándole que amargado por los desengaños humanos piensa pasar el resto de su vida retirado en una humilde ermita y lograr que Dios librara de esa tentación a un amigo suyo. Cae a los pies de un crucifijo, consagra su vida totalmente a la caridad para con los necesitados, y entonces empieza su verdadera historia gloriosa.
El Catecismo señala el ejemplo de Abraham, que “creyó contra toda esperanza” y, especialmente de la Virgen, que mantuvo su fidelidad en medio de la oscuridad de la fe en el momento de la pasión y crucifixión de su Hijo. Otros muchos santos, como San Pío de Pietrelcina pasaron largas temporadas de oscuridad y prueba que fueron para ellos periodos muy duros, pero de gracia y conversión.
LA INTUICION ORIGINAL DE SAN JUAN DE LA CRUZ
Suya fue la intuición fundamental de que, cuando un cristiano se encuentra en la “noche oscura del alma”, no significa que esté lejos de Dios, sino al contrario, que se ha acercado más a él. El santo utiliza el ejemplo de los mochuelos para explicar esto. Estas aves nocturnas, cuando el día las despierta, les ciega la luz del sol porque resulta demasiado brillante para ellas. De la misma forma, cuando nos vamos acercando a Dios por la oración, la vida cristiana y la gracia, la luminosidad de Dios es demasiado fulgurante para nosotros. Nuestra debilidad humana provoca esas noches oscuras en las que el alma siente que no ve nada o que se encuentra lejos de Dios, cuando lo que sucede es que ha sido cegada por la luz divina y necesita tiempo para acostumbrarse a ella.
Dios utiliza esas noches para purificar nuestra fe. Al comienzo de la vida espiritual, Dios regala muchos consuelos: la sensación clara de su presencia, de la belleza de la vida y la fe cristiana, la alegría de pertenecer a la Iglesia. Sin embargo, nuestro corazón débil tiende a apegarse a estos consuelos e, incluso, llega a preferirlos al propio Dios. Por eso el Señor, antes o después, nos priva de esos consuelos para que pongamos el corazón solamente en él, configurándonos con Cristo en su pasión.
UN ESTÍMULO
La propia Madre Teresa decía: He comenzado a amar mi oscuridad, porque creo que ésta es una parte, una pequeñísima parte, de la oscuridad y del sufrimiento en que Jesús vivió en la tierra. Su oscuridad y sequedad espirituales no significaron en absoluto que vacilase en su fe, sino que mostraban que su fe se iba haciendo más fuerte manteniéndose en medio de esa oscuridad. El hecho de que, con la gracia de Dios y a pesar de su sentimiento de oscuridad, fuera capaz de continuar con su labor, dando la vida por los más pobres de entre los pobres, es un claro signo de una fe inquebrantable que movía todo lo que hacía. La Madre Teresa había cimentado su vida sobre la roca que es Jesucristo y, cuando soplaron los vientos y los aguaceros y chaparrones durante años y años, su vida permaneció en pie. Lejos de ser un obstáculo para su canonización, estoy convencido de que el hecho de que la Madre Teresa de Calcuta se mantuviese firme en la fe en medio de una sequedad y una oscuridad que duraron años, tendrá un lugar preeminente en el proceso de canonización. Sin lugar a dudas y entre otras muchas cosas, Dios ha querido darnos a la Madre Teresa para darnos ánimos, Los creyentes a veces tienen que tolerar el silencio de Dios para entender, como Job, el misterio de Dios. Cualquier persona tiene dudas de fe, momentos de oscuridad, pero como dice San Juan de la Cruz, la falta de luz en estas "noches oscuras del alma" no significan que el fiel se aleja de Dios, sino que, al contrario, como si se hubiera "acercado demasiado"
LA TORTURA DE TERESA DE LISEUX
Estas dudas que todos tenemos y que han experimentado personas en todos los momentos, desde Abraham hasta la Virgen María, pasando, sobre todo, por Santa Teresa de Lisieux, que vivió la gran tortura de la oscuridad de la fe desde junio de 1897, tres meses antes de su muerte. Teresa escribe: "En los días tan alegres del tiempo pascual, Jesús ha hecho sentir que realmente hay almas que no tienen fe, que, por haber abusado de la gracia, pierden este precioso tesoro, fuente de las únicas alegrías puras y verdaderas". El conocimiento del mundo de las almas sin fe no le fue dado como una iluminación del Espíritu destinada a abrirle perspectivas nuevas para avivar su celo apostólico, como había ocurrido a Santa Teresa de Jesús cuando la visita del Padre. Maldonado, franciscano, de vuelta de México, la inflamó por la noticia de los "millones de almas que allí se perdían por falta de doctrina", como narra en sus Fundaciones.
Teresa del Niño Jesús, sabía que había "impíos que no tenían fe", pues una sobrina de su tía la Sra. Guérin, Margarita Maudelonde, se había casado con un reconocido ateo, el señor Tostain, representante del presidente de la República en Lisieux. Pero en la fe de Teresita, "tan viva, tan clara", ella creía "que, cuando negaban la existencia del cielo", hablaban en contra de sus pensamientos, porque, para Teresa, la existencia del cielo era entonces tan evidente, que para un espíritu recto y sincero resultaba imposible no admitirla, Decía "el pensamiento del cielo me hacía totalmente feliz", y de repente, se le concede el conocimiento, no externo sino íntimo, experimental, del mundo de las almas sin fe al verse ella misma inmersa en él: "Dios permitió que mi alma fuera invadida por las más espesas tinieblas y que el pensamiento del cielo, tan dulce para mí, no fuera en adelante sino motivo de lucha y tormento ... ". Teresita no participaba de los sentimientos de estos ateos y renegados, sino que tratando de defenderlos se encontraba en su compañía y, Jesús le "hizo sentir", sólo sentir, que realmente hay almas que se hallan en estas tinieblas del espíritu. Esta toma de conciencia del drama de los incrédulos irá profundizando en su corazón, en el transcurso del tiempo. Cuando escribía esto, no sabía que duraría, dieciséis meses y veinticinco días, ¡hasta la hora de su muerte!
No era una prueba de orden moral, afectiva o psicológica, no era una crisis pasajera, sino que era una prueba de orden teologal, impuesta por Dios para purificar su fe de lo que tenía de demasiado natural, para quitar todo lo que pudiera haber de satisfacción natural en el deseo que tenía del cielo.
PURIFICACIÓN DE LA FE
Para ella, como para cualquier cristiano, las motivaciones de la fe no son todas sobrenaturales. Se mezclan casi siempre, elementos naturales que la privan de su pureza, de su fuerza y, en consecuencia, de su capacidad de "asir" a Dios como él es. La necesidad de estas purificaciones necesarias es lo que San Juan ha descrito en la Noche oscura. Pero el Señor, en su pedagogía llena de sabiduría y misericordia, no impone estas purificaciones sino a quienes consienten en ello, y no lo hace sino después de prolongada y paciente preparación. Así lo comprende Teresa cuando escribe: "No me ha enviado esta prueba sino en el momento en que yo podía soportarla"; "Antes, creo que me hubiera descorazonado. No dice "hubiera dudado", sino "descorazonado". Aunque, según el designio de Dios sobre ella, tenía que sufrir una última purificación que la surgiera como el oro en el crisol (1 Co 1, 12), igual que le había sucedido a María, la Madre de Dios.
UNA PRUEBA DE INICIATIVA DIVINA
Comprobamos que, si su prueba de fe surgió de repente, como tempestad en aguas tranquilas o como violenta tormenta en cielo azul, estuvo precedida de algunas señales precursoras. No es casualidad que la manifestación de su tuberculosis coincidiera con la entrada en la noche de sus dudas. Como si sus sufrimientos físicos, que llegarán a ser atrozmente insoportables, tuvieran que acompañar y redoblar sus sufrimientos espirituales, hasta su muerte, para llevarla, a través de una paciencia heroica, a una fe totalmente despojada de toda huella de satisfacción natural. "¡Qué extraño e incoherente!". Esta exclamación de la Santa nos advierte que no estaremos en condiciones de comprender la naturaleza y las formas diversas que la prueba de fe presenta en un alma. Es un misterio incluso para la misma alma.
La vida de fe es una realidad sencilla y compleja. Sencilla, en su caminar a Dios. Compleja, en los elementos que la componen: el mundo interior y exterior de la persona. En la tentación de la duda la fe es atacada en su raíz, y dura más y es tanto más profundo cuanto que el árbol de la fe ha desarrollado más profundamente sus raíces y sus ramas en toda la existencia. Estas tentaciones, siguen el ritmo de la vida, producen la impresión de incoherencia y la dificultad para quienes les resulta difícil comprender y dejar comprender lo que están experimentando. "Prueba del alma que es imposible comprender", afirma Teresa. Sólo con prudencia y con sencillez se puede intentar describir y examinar la lucha personal vivida en este caso por la Santa. Teresa usa esta comparación para explicar su estado: Me imagino que he nacido en un país cubierto de espesa niebla; nunca he contemplado el aspecto alegre de la naturaleza. Doctrina teológica segura, propuesta en términos sencillos. La fe ya es, por sí misma, una noche para la razón que no puede tener la evidencia de las realidades divinas. Estas maravillas de las que ha oído hablar, no son una historia inventada, sí no una realidad cierta, pues el Rey de la patria donde brilla sol el ha venido a vivir en el país de las tinieblas durante treinta y tres años. Así, la oscuridad inherente a la fe es iluminada para el alma por una certeza comparable a una luminosa lámpara, como dice San Pedro, que habló de una lámpara que brilla en lugar oscuro (2P 1, 19). La prueba consiste, pues, en que la noche de la fe se transforma en noche total: las tentaciones contra la fe tienen como efecto el que ocultan la pequeña llama u oscurecen su resplandor, con el velo espeso de las dudas: "pero de golpe las brumas" que me rodean se hacen más espesas, penetran en mi alma y la envuelven", explica Teresa.
En una carta a sor María del Sagrado Corazón, la Santa había descrito, de forma alusiva, el mismo fenómeno, comparándose a un pajarito asaltado por la tempestad. Le parece que no existen más que las nubes que lo envuelven, pero él sabe que detrás de las nubes sigue brillando su Sol. La fe sigue estando allí, pero su luz invisible ya no es percibida por el alma que ya no siente el gozo. Tiene la impresión de haber entrado en una noche más profunda, en otra noche. Es impresionante ver cuánto insiste la santa en la profundidad de esta nueva oscuridad. Habla de espesas tinieblas, de túnel oscuro; ya no se trata de un velo, sino de un muro que se levanta hasta el cielo. En las notas recogidas por sus hermanas durante su enfermedad, encontramos los mismos rasgos característicos: el cielo es tan negro que no veo ninguna claridad. Habla de un agujero negro, en el que no se distingue ya nada.
SUFRIR EN SILENCIO
Teresa aplicaba en este caso extremo un principio que pertenecía a su "caminito": "¡Hace tanto bien y da tanta fuerza no decir nada de sus penas!". Se niega a apiadarse de sí misma, a buscar consuelos doloristas, porque, en el fondo, no siente apego alguno de si misma. Teresa no se contentó con resistir enérgicamente a los asaltos del adversario, ni utilizó su táctica de huida más que para atacar a su vez, afirmando deliberadamente su fe en la verdad que estos pensamientos procuraban inducirla a negar. En cada nueva ocasión de combate corro hacia Jesús, le digo que estoy dispuesta a derramar hasta la última gota de mi sangre para confesar que hay un cielo.
En cierto modo, renueva la totalidad de su compromiso con Dios, con Jesús, haciendo actos de fe, multiplicados cuanto sea necesario: Creo que he hecho más actos de fe, desde hace un año, que durante toda mi vida. Después de una noche en la que las tentaciones se han hecho más acuciantes: ¡Ah!, he hecho muchos actos de fe...Hablando a la madre Inés de estos pensamientos tenebrosos, dice: Los sufro forzosamente, pero cuando los sufro, no dejo de hacer actos de fe.
Durante su agonía, cuando sus sufrimientos habían llegado al paroxismo, fue cuando llevando la contraria a sus tentaciones hizo oír este grito, admirable de fe y amor: "¡Oh, Dios mío! ... Sí, es muy bueno, es muy bueno para mí. ¡Oh, sí, sois bueno! ¡Lo sé!".
En otros momentos en que se siente menos acorralada hace numerosos actos de fe implícitos, bien afirmando con serenidad cuando esté en el cielo... o diciendo a Dios que le ama, bien haciendo la señal de la cruz que le exige un esfuerzo considerable. Besa su crucifijo con ternura. Incluso tendrá que cantar muy fuerte en mi corazón: Después de la muerte la vida es eterna. Pedirá con insistencia recibir el sacramento de los enfermos y manifestará su alegría por administrárselo. Siempre, para ejercitar y fortificar su fe, estará decepcionada de no poder confesarse con el abate Youf. Su mayor dolor fue el verse privada de la comunión desde el19 de agosto hasta su muerte, por no poder absorber ni un trocito de hostia. En una palabra, soporta terribles sufrimientos físicos y su "prueba de alma" con el pensamiento, o mejor, con la certeza de trabajar por el bien de las almas y de llevar a cabo una acción póstuma: "Volveré".º
LA SOSTIENE DIOS
Si Teresa se mantiene con firmeza, es solamente porque Dios la sostiene. Pero no siente esta ayuda, le viene dada poco a poco y de un modo tan secreto que Teresa tiene más bien la impresión de estar completamente abandonada en su noche, en sus sufrimientos físicos, en sus angustias de alma. Come el pan del dolor en la medida llena de amargura, donde comen los pobres pecadores. Experimenta el sentimiento de la ausencia de Dios como si hubiera caído en la increencia. Sin el gozo de la fe, privada de las alegrías sobrenaturales del amor que la colmaban antes, vive psicológicamente el desamparo de los ateos. El cielo le está totalmente cerrado: "Hasta los san tos la abandonan", gime. No son los consuelan sensibles que sus hermanas le prodigan los que pueden aliviar este indescriptible tormento.
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